~Doña María de Zayas y Sotomayor

Si amados pagan mal los hombres, Gila,
dime, ¿qué harán si son aborrecidos?
Si no se obligan cuando son queridos,
¿por qué tu lengua su traición perfila?
       Su pecho es un Caribdis y una Escila
donde nuestros deseos van perdidos;
no te engañen, que no han de ser creídos
cuando su boca más dulzor destila.
       Si la que adoran tienen hoy consigo,
que mejor es llamarla la engañada,
pues engañada está quien de ellos fía;
       a la que encuentran, como soy testigo,
dentro de una hora dicen que es la amada,
Conclúyase con esto tu porfía.
       Su crüel tiranía
huir pienso animosa;
no he de ser de sus giros mariposa.
       En sólo un hombre creo,
cuya verdad estimo por empleo,
y éste no está en la tierra,
porque es un hombre Dios que el cielo encierra.
       Éste sí que no engaña;
éste es hermoso y sabio,
y que jamás hizo a ninguna agravio.

 

Doña María de Zayas y Sotomayor (española, siglo XVII). En: Tras el espejo la musa escribe. Lírica femenina de los Siglos de Oro. Edición, introducción y notas de Julián Olivares y Elizabeth S. Boyce. Siglo XXI de España Editores, Madrid, 1993. [Sobre los versos “…no te engañen, que no han de ser creídos / cuando su boca más dulzor destila”, los editores observan que por el contexto (junto con las menciones a Escila y Caribdis en la Odisea) “parecen aludir a las sirenas, interesante por ser una inversión de su género”. testigo: entiéndase: la testigo. Sobre Doña María de Zayas escriben que fue “mujer independiente y feminista en su época, aunque conservadora”, y citan a la experta Alicia Yllera: “(María de Zayas) cree firmemente en la capacidad intelectual de las mujeres, defiende su derecho a la cultura y a desempeñar cargos de responsabilidad, y escribe (…) movida por el deseo de defender el buen nombre de las mujeres y advertirlas de los engaños masculinos”.]

Leer completo

7 marzo, 2017

A Francisco Sarmiento

       ~Baltasar del Alcázar

Deseáis, señor Sarmiento,
saber en estos mis años,
sujetos a tantos daños,
cómo me porto y sustento.

Yo os lo diré en brevedad,
porque la historia es bien breve,
y el daros gusto se os debe
con toda puntualidad.

Salido el sol por Oriente
de rayos acompañado,
me dan un güevo pasado
por agua, blando y caliente,

con dos tragos del que suelo
llamar yo néctar divino,
y a quien otros llaman vino,
porque nos vino del Cielo.

Cuando el luminoso vaso
toca en la meridional,
distando por un igual
del Oriente y del Ocaso,

me dan, asada o cocida,
de una gruesa y gentil ave,
con tres veces del süave
licor que alegra la vida.

Después que, cayendo, viene
a dar en el mar Hesperio,
desamparando el imperio
que en este horizonte tiene,

me suelen dar a comer
tostadas en vino mulso,
que el enflaquecido pulso
restituyen en su ser.

Luego me cierran la puerta
y me entrego al dulce sueño;
dormido soy de otro dueño:
no sé de mí cosa cierta.

Hasta que, habiendo sol nuevo,
me cuentan cómo he dormido,
y así, de nuevo les pido
que me den néctar y güevo.

Ser vieja la casa es esto;
veo que se va cayendo;
voyle puntales poniendo
porque no caiga tan presto.

Mas todo es vano artificio:
presto me dicen mis males
que han de faltar los puntales
y allanarse el edificio.

 

Baltasar del Alcázar (español; 1530-1606).  En: Obra poética. Edición de Valentín Núñez Rivera. Editorial Cátedra, Madrid, 2001. [luminoso vaso: el sol. Mar Hesperio: el Atlántico. Vino mulso: mezclado con miel y azúcar. Ya los romanos lo tomaban antes de las comidas, dado que servía para abrir el apetito. enflaquecido pulso: pulso debilitado.]

Leer completo

6 marzo, 2017

La revancha del grillo

       ~Anónimo

En vano le repito que los grillos son inofensivos. Ella se afana en perseguir a todos los que oye en mi jardín
       Esa tarde se había dormido al pie del cedro. Un grillo que estaba yo mirando fue a esconderse entre su cabellera desparramada. Luego cantó.
       Pequeño grillo, ¿les cuentas acaso ahora a tus hermanos que la cabellera de mi bienamada es más perfumada que la hierba bajo las tuberosas?

 

Anónimo (árabe). En: El jardín de las caricias. Versión castellana libre de Pedro Laínez Varela según la traducción francesa de Franz Toussaint. Introducción de Luis Antonio de Villena. Visor, Madrid, 1979.

Leer completo