5 mayo, 2017

Exposición

       ~Juana Iris Goergen

En 1961, El barco de Henri Matisse fue expuesto en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. 47 días después, cuando ya había sido admirado por más de 116, 000 visitantes, se dieron cuenta de que lo habían colocado cabeza abajo. “Da igual”, dijo uno de los visitantes, “falta el mar, y ese barco, de todas todas, parece pájaro”.

 

Juana Iris Goergen (puertorriqueña; 1963). En: La Tinusa. Poetas latinoamericanos in the USA. Selección y estudio preliminar de Arturo Dávila, Aldus, México, 2016.

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4 mayo, 2017

Cremación

       ~Robinson Jeffers

Casi me quita el miedo a morir, me dijo quien más quiero,
Cuando pienso en la cremación. Pudrirse en la tierra
Es un fin detestable, pero no clamar en llamas—además estoy ya estoy acostumbrada,
He ardido de amor o furia tantas veces en mi vida:
No es de extrañarse mi cuerpo cansado, ni que se esté muriendo.
Gozamos tantísimo de mi cuerpo. Esparce las cenizas.

 

Robinson Jeffers (estadunidense; 1887-1962). En: Czeslaw Milosz, A Book of Luminous Things. Harcourt Brace, Nueva York, 1996.

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       ~Anónimo

                   1
Yo vide llorar a un hombre
preso por una mujer
con unos pesados grillos
que no se podía mover.

El león en su tribunal
mandó que echaran prisiones,
y entre dos o tres ratones
llevan preso a un gavilán;
al llegar, con gran afán
le dicen: –Diga su nombre,
no se espante ni se asombre,
entre pues a la capilla.
Entonces dijo una ardilla:

Yo he visto llorar a un hombre.

Llevan a un pato lloroso,
todo lleno de conflicto,
a compurgar un delito
en oscuro calabozo.
Llora un conejo piadoso
que le daba de comer,
y entonces le vino a ver
a la puerta un jabalí,
que también estaba allí
preso por una mujer.

Había varios zopilotes,
gallinas y guajolotes
presos y embartolinados;
había sapos engrillados,
había lobos y coyotes,
osos, trigres y zorrillos,
entre ellos dos armadillos,
una zorra, un tlalcoyote
y un pobrecito ajolote
con unos pesados grillos.

Un cuervo era el presidente,
que la echaba de mandón;
la hormiga era allí el soplón
y el perico su asistente;
la garza era el intendente
que estaba con gran placer
viendo a un mono padecer
metido en tan grandes penas,
con unas gruesas cadenas,
que no se podía mover.

                   2
Una gallina pintita
se hallaba allí separada,
porque mató a un gorrioncito
que era su prenda adorada,
y una ardillita acostada
que se había hecho de nombre
le dice a un caballo pinto:
—De verme así no se asombre,
que como a los animales
he visto llorar a un hombre.

Llevan preso al elefante
junto con otro armadillo,
y para limpiar su ropa
pide le den un cepillo.
Entonces un gallo pillo,
que no tenía qué comer,
a un pobre burro decía:
—Amigo, no hay que temer,
yo también me encuentro aquí
preso por una mujer.

A un guajolote canelo
entra un padre a confesar
y va a hacer su testamento,
pues lo van a fusilar;
ya lo van a encapillar
en unión de dos ardillos;
le remachan las esposas
al golpe de dos martillos,
y los pies les aseguran
con unos pesados grillos.

Una iguana muy llorosa
no halla alivio en su penar,
porque toditos sus bienes
se los quieren confiscar;
a un armadillo va a hablar
que la vaya a defender;
pero no encuentra abogado
que el negocio quiera hacer,
y queda de tanto andar,
que no se podía mover.

 

En: Vicente T. Mendoza, Glosas y décimas de México. FCE, México; 1ª. edición, 1957; 1ª. reimpresión, 1979.

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