~Anónimo

A los ángeles del cielo
les voy a mandar pedir
una pluma de sus alas
para poderte escribir.
*
Si los sospiros volaran
como vuela el pensamiento,
una carta te mandara
con el corazón adentro,
escrebida por mis manos
y sellada por el viento.
*
Corté la hoja del laurel,
oye bien lo que te digo,
porque le encontré una hojita.
Voy a mandarte un papel
con tres o cuatro letritas;
soy teniente coronel
de las muchachas bonitas.
*
Si fuera tinta, corriera,
si fuera papel, volara,
si fuera estampilla de oro,
ese sobre me llevara.
*
Si mi mano fuera tinta
y mi corazón tintero,
con la sangre de mis venas
te escribiría: “Te quiero”.
*
La carta que te mandé
puritos borrones fueron,
no me eches la culpa a mí;
son lágrimas que cayeron
cuando me acordé de ti.
*
Por aquí pasó volando
y una paloma café,
y en su piquito llevaba
una carta para usted.
*
En papel blanco te escribo
porque blanca fue mi suerte;
limoncito azucarado,
qué ganas tenía de verte.
*
La carta que me mandastes
se pasó marzo y abril;
una flor disciplinada
en tus manos se fue a abrir.

 

Anónimo (Cancionero folklórico de México). En: Margit Frenk et al. Coplas del amor feliz. El Colegio de México, 1975.

Leer completo

1 agosto, 2017

Dos preguntas

       ~Kikaku

¿La mariposa
duerme toda la noche?
¿Hace otra cosa?

 

Kikaku (japonés; 1660-1707). En: El haikú japonés. Editado por Nuria Parés, Ediciones Oasis, México, 1966.

Leer completo

31 julio, 2017

Café-Express

       ~Cassiano Ricardo

Café-Express —está escrito en la puerta.
Entro muy apurado. Aturdido,
por haberme despertado tan temprano.
Y listo. Parece mentira:
el café cae en la taza de uno maquinalmente.

Y siento el gusto, el aroma, la sangre caliente de Sao Paulo
en esta pequeña noche líquida y olorosa
que es mi taza de café.

***

Mi taza de café
es la síntesis de todas las cosas que vi en la estancia y que vuelven a mi memoria apagada.
Por mi memoria avanza un carro de bueyes que se detiene frente a las tranqueras del camino.
En mi memoria se posó un ave chimango chillón
       y pasan unos hombres
       que llevan sobre sus hombros
       cestas multicolores
       con granos de café.
Y chispean allá dentro, en el fondo de mi corazón,
unos ojos negros de campesina pícara que me están mirando
con su vestido de romera y los pies descalzos.
Y una casita color de luna en la tarde escarlata-rosa.
Un picaflor verde susurrando con el pico hundido en la flor color de sol que brotó en el jardín.
Y el estanciero calculando la cosecha de las espigas.

       Pero sobre todo
aquellos ojos de terciopelo de la campesina pícara que me mira
       como dos grandes gotas de café
       que me cayeron en el alma
       y me dejaron tan pensativo.

Ay, no tengo tiempo para pensar en estas cosas.
Estoy apurado. Apuradísimo.
La mañana ya bajó del trigésimo piso
de aquel rascacielos colorido donde vive.
Escucho a la vida gritando allá afuera.
Dos cruzeiros y salgo. La calle es un vozarrón.
Sube-y-baja de gente que va a las fábricas.
Ir y venir de automóviles. Bocinas. Carteles.
Compro un diario. ¡El Estado! ¡El Diario Nacional!
Me levanto la solapa del abrigo, por el frío.
Y me voy al trabajo, pensando.

Oh mi Sao Paulo.
Oh mi sirena de cabello rojo.
Oh ciudad de los hombres que despiertan antes que nadie en el mundo.

 

Cassiano Ricardo (brasileño; 1895-1974). En: Poesía contemporánea del Brasil. Selección, traducción, prólogo y notas de Santiago Kovadloff. Fabril Editora, Buenos Aires, 1972.

Leer completo