~Doña Ana Francisca Abarca de Bolea

       Su nombre perdió el mal, Clorinda hermosa,
pues se muestra con vos tan cortesano
que a vuestra blanca mano
no se atreve a llegar, y es justa cosa
que de su mano aleve
la vuestra no se manche, que es de nieve.
       Mostróse a los principios atrevido,
probó a rendiros con mostrarse fuerte,
amenazó con muerte,
mas quedó, conociéndoos, tan rendido
que en ver vuestra belleza
huye, teme y olvida su fiereza.
       Vuestros dos, descansando, hermosos soles
sin duda de matar cuantos miraron,
el calor retiraron
y sus bellos y alegres arreboles
en flechas convertidos
hieren su mismo dueño inadvertidos.
       Del humor que se exhala de la tierra
se hace la nube condensada, y luego
con arrogancia el fuego
al contrario elemento le hace guerra;
y en vez de darle abrazos,
con rayos a la nube hace pedazos.
       Esas que en vos, Clorinda, eran centellas,
si olvido por pasados sus rigores,
ocultos resplandores,
entre celajes muestran ya de estrellas;
y aunque lo oculta el velo
en vuestro cuerpo están como en su cielo.
       A vuestro cuerpo de marfil nevado
de lisonja le sirve y hermosea,
si bien a otros afea,
pues es marfil de mármol taraceado
que el rosicler vistoso
de las viruelas le hace más hermoso.
       No se atrevieron, aunque tan osadas,
a vuestro rostro por no darle enojos,
que de esos bellos ojos
temieron con rigor ser castigadas,
y porque a esa hermosura
pretendella afear, fuera locura.

 

Doña Ana Francisca Abarca de Bolea (española; 16¿23?/¿24?-finales del siglo XVII). En: Tras el espejo la musa escribe. Lírica femenina de los Siglos de Oro. Edición, introducción y notas de Julián Olivares y Elizabeth S. Boyce. Siglo XXI de España Editores, Madrid, 1993.

 

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