~Dona Rosu

Ayer pensé en aquel vestido con las motas blancas que te enviamos la última Navidad, vestido que estoy segura les diste a tus nietas para que se lo turnaran.
       No te apene admitir que regalas nuestros regalos. Yo hago lo mismo. ¿Recuerdas cuando mi hija aún estaba por allá y enviamos una gran caja de chocolates que ella compartió con todos ustedes? El hijo de un amigo nos la había dado.
       En la modesta casa que teníamos entonces, la caja decorada parecía de mal gusto. Mientras la envolvía para mandarla por correo, alguien la vio y quedó maravillado de que tuviéramos chocolates Godiva. Luego supe que la caja costaba tanto como lo que gastábamos en comida cada mes.
       Hace poco María nos visitó en nuestra nueva casa. Vive cien millas lejos y trajo una caja de Godiva, toda dorada y atada con una rama de peras, chabacanos y manzanas de cera. Parecía como si hubieras recogido las frutas ayer de tu jardín. Aparté la caja para ti.
       Estoy segura de que se la darás a los niños allá en casa, pero por favor toma un poco para ti. En la ilustración puedes ver que hay varias hileras de diferentes formas y colores. No te puedo decir cuáles son los de mayor calidad o los más cremosos; nunca he probado el chocolate Godiva.

 

Dona Rosu (rumana; siglo XX). En: Letter to My Mother from Her Emigrant Daughter/Scrisori catre Mama de la fiica ei emigranta. Edición bilingüe. Traducción al inglés de Kathleen Snodgrass y Antonio Costea. Scrisul Romanesc Fundatia Editura, Craiova, Rumania, 2008.

 

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