~Giovan Battista Marino

Quien ver quiera, Marcelo,
de Proteo los cambios,
novel camaleón,
sus ojos en mí pose,
que el tema me obsesiona
y voy cazando formas y colores.

Ya defender no puedo
esta amorosa falla;
confieso mis errores,
y canto el “mea culpa”:
mas ¿quién será que pueda
a corcel desbocado poner freno?

¿Quién de un ávido amante
los pasos caprichosos
mantendrá encadenados,
pues se mueve y se agita
más leve que alga o fronda
sacudidas por ondas o por brisas?

Mis dulces sentimientos
no pecan de exclusivos:
pues mil bellas encuentro
de mis tormentos causa,
dondequiera que mire
hallo nuevos motivos de inquietud.

Cada bella que veo
mi afecto tiraniza;
sus corteses miradas
en el acto me inflaman.
Y entonces, poco a poco
todo mi cuerpo en yesca se convierte.

Cuantas formas de pronto
la mirada revela
son anzuelos y lazos
que Cupido me tiende:
por ésta languidezco,
por aquella en cenizas me convierto.

Y la fresca beldad,
o la otoñal, madura,
me enloquecen sin fin:
la joven me captura
con su gracia y sus ojos,
la mayor con sus gestos reposados.

Y la ingenua y sencilla
de pureza espontánea
y aquella que con arte
ingeniosa discurre,
me placen igualmente:
de la ingenua y la sabia yo me prendo.

Bien hecho si usa afeites,
¿quién afeites no aprecia?
¿Natural, sin adornos,
de sí misma adornada?
Su sencillez adoro,
no hay nada comparable a la pobreza.

O coqueta y lasciva,
o retirada, esquiva,
la una me hace esperar
inefables placeres,
otra, sentimental,
ama ser adorada o lo pretende.

Ésta, pues es bien claro
que es reina en su estatura;
la otra porque parece
más ágil en sus miembros:
caigo en la doble trampa
y a las dos las admiro y las deseo.

En suma, todas, todas,
todas parecen bellas,
ante todas me abraso.
Marcelo, si tuviera
mil almas y mil cuerpos,
¿acaso mis deseos contentaran?

 

Giovan Battista Marino (italiano; 1569-1625). En: Antología de la poesía italiana. Selección, versión y prólogo de Manuel Durán. UNAM, 1961. [Entre otras cosas, dice la ficha biográfica que incluye Durán: “Giovan Battista Marino, nacido en Nápoles, vivió desde muy joven una existencia dedicada al juego, los amores y las intrigas cortesanas en Roma, Turín y París. El caballero Marino se hizo famoso por su ingenio, por su concepto de la poesía (debía, ante todo, ‘stupire’, asombrar)… (Este) su poema ‘L’amore incostante’, no deja de recordarnos la famosísima aria en que Leporello, en el Don Giovanni de Mozart, explica la conducta de su amo y la atracción que éste siente por todas las mujeres. Muy natural que en aquella época de profunda influencia española Marino expusiera la filosofía de Don Juan, que era también la suya. El burlador de Sevilla se publicó en 1630, es decir, después de muerto Marino (aun cuando era conocido antes de esa fecha). Pero no importa. Se trata de una coincidencia de actitudes. Da Ponte, el libretista de Mozart, conocía muy probablemente el texto de Marino.]

 

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