~Anónimo

Se había sentado sobre mis rodillas.
         Yo había deslizado mi mano bajo su túnica y con voz indiferente hablaba de los rebaños, de la agilidad de los perros, de los pastos.
         Sus piernas eran lisas y firmes. Al fin me pareció advertir que la acariciaba.
         —¡Hay una serpiente bajo mi vestido!—dijo entonces, riendo.
         —Justamente—le contesté—. La estoy buscando.

 

Anónimo (árabe). En: El jardín de las caricias. Versión castellana libre de Pedro Laínez Varela según la traducción francesa de Franz Toussaint. Introducción de Luis Antonio de Villena. Visor, Madrid, 1979.

 

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