13 septiembre, 2017

Autobiografía IV

       ~Leonardo Sinisgalli

Era un fantasma saturnino
verde y azul, mi padre
cuando volvía de las viñas
en épocas de sulfatación.
Había abierto las vides
una a una
separando los sarmientos y las ásperas hojas.
Un día trajo un gusano
caído de un manzano,
grueso como uno de sus dedos.
“Los años duros terminaron
para Sinisgalli; nuestros hijos
tendrán paja para cien caballos”,
dijo una noche a su mujer,
la reina Taitú,
tomándola de ambas manos,
única caricia ante la tribu.

 

Leonardo Sinisgalli (italiano; 1908-1981). En: Poetas italianos del siglo XX. Selección, prólogo, traducción y notas de Horacio Armani. Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1973.

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12 septiembre, 2017

A un laúd, uno que lo tañía

       ~Juan de Iranzo

De herirte, laúd, jamás me alejo,
ni el Amor de herirme se refrena;
a ti te ciñe cuerda, a mí cadena;
tú suenas dulcemente, yo me quejo.

Tu pecho está herido, yo no dejo
de tener en el mío llaga y pena;
a ti y a mí nos templa mano ajena;
tú eres por ti mudo, yo perplejo.

Tú de box, yo amarillo; tú, hincadas
las clavijas que tuercen donde quiero;
yo, mil flechas de amor, de Amor guiadas.

Tú eres muerto, yo muero si te hiero;
los golpes te dan vidas acordadas;
dolor es vida en mí, sin él yo muero.

 

Juan de Iranzo (sólo se sabe que tal vez era sevillano y que fue capitán y sargento mayor). En Poesía de la Edad de Oro. I. Renacimiento. Edición de José Manuel Blecua. Clásicos Castalia, Madrid, 1984.

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       ~Abu Utman ibn Luyun

              0
¿Cómo, di han de estar los pechos,
si el Destino de ellos hace
hitos de todos los dardos
que a esos ojos lanzar place?

              1
¿Qué resignación ni alivio
me caben, ni qué paciencia?
A cierva de dulce brama
quiero, que hasta al sol desprecia.
Por ella mi juicio pierdo;
y hasta pierdo la vergüenza,
y médico no hay que cure
mi mal, sino que se ablande
quien me consume en amores
ahora y siempre, luego y antes.

              2
Tiene esta dulce gacela
dos jardines en su cara,
y en su talle floreciente
brillan redondas granadas.
Jazminero es su mejilla
protegido por dos lanzas.
Cuánto león que en la selva
reinó fiero y sin rivales,
a sus pies, de amor herido,
vino muriendo a humillarse.

              3
De este amor no has de moverme:
deja,censor, tus censuras.
Me trastornó quien no tiene
más joyas que su hermosura.
Es su encanto mi confite,
y sus labios mi agua pura.
Ay mejilla, en que lo rojo
con lo blanco se debate,
y que de sólo mirarla,
sin morderla, ya echa sangre.

              4
Téngole amor por honrarla,
y ella me odia y me desprecia.
Que vender mi fe a la baja
mi Dios no me tome en cuenta,
por quien te enseña ese talle
que como ramo menea,
y esa lánguida mirada,
acechada por un áspid *,
como estrella que a otra estrella
quiere unas perlas robarle.

              5
Bienhaya la que, apurada
por la ausencia de su amigo
cuyo amor la quita el sueño
cual cruelísimo enemigo,
así a su madre le canta
dando a sus penas alivio:
YA MAMMA, ME-W L-HABIBE
BAIS E NO MAS TORNARADE.
GAR KÉ FARÉYO, YA MAMMA:
¿NO UN BEZYELLO LESARADE? **

 

Abu Utman ibn Luyun (1282-1349). En: Enrique García Gómez, Las jarchas romances de la serie árabe en su marco. 1ª. Edición, 1965; 2ª. edición, Seix Barral, Barcelona, 1975.

*El áspid es el rizo de la sien.
** “Madre, mi amigo / se va y no tornará más. / Dime qué haré, madre: / ¿no me dejará [siquiera] un besito?”.

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