27 abril, 2017

Due storielle fiorentine

       ~José Paulo Moreira da Fonseca

                                                     I
Latona Pazzi era la mujer intérprete de Monteverdi en toda la Península. Latona Pazzi se bañaba en el Arno mientras sus cuatro hermanas vigilaban las márgenes. Las hermanas serían las ayas y Latona la princesa. Un día surgió Anchise Gryphius (senior) y embriagó a las vigilantes. Pero, por el vuelo de las agachadizas, Latona percibió la celada, vistiendo luego su lechosa desnudez con el limo del río. Artemisa la socorrió y metamorfoseó a Anchise en sátiro, el cual ejercía el ministerio público en Pisa, el cual de entonces en adelante pasó a usar de todas las estratagemas para que no descubriesen su bestialidad.

                                                     II
Ermete Barberini naufragó a lo largo de Liorna y, no sabiendo nadar, se sumergió en las aguas. Como poseía un admirable poder de adaptación, concluido un día y horas ya se servía perfectamente del oxígeno marino. Pero la prueba fue excesiva, pues cuando las olas lo vomitaron en una playa desierta se vio incapaz de respirar. Incontinenti se zambulló de nuevo y tras magnos esfuerzos subió el Arno hasta la ciudad y allí, bajo el Ponte Vecchio, mandó llamar a sus cuñados que, comprendiendo lo delicado de la situación, contrataron enseguida con el ingeniero Grimaldi (Orso) la construcción de un acuario, donde Ermete vive y finaliza su monumental historia de los bancos florentinos.

 

José Paulo Moreira da Fonseca (brasileño; 1922-2004). En: Antología de la poesía brasileña. Edición de Ángel Crespo. Seix Barral, Barcelona, 1973.

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26 abril, 2017

A unas viruelas

       ~Doña Ana Francisca Abarca de Bolea

       Su nombre perdió el mal, Clorinda hermosa,
pues se muestra con vos tan cortesano
que a vuestra blanca mano
no se atreve a llegar, y es justa cosa
que de su mano aleve
la vuestra no se manche, que es de nieve.
       Mostróse a los principios atrevido,
probó a rendiros con mostrarse fuerte,
amenazó con muerte,
mas quedó, conociéndoos, tan rendido
que en ver vuestra belleza
huye, teme y olvida su fiereza.
       Vuestros dos, descansando, hermosos soles
sin duda de matar cuantos miraron,
el calor retiraron
y sus bellos y alegres arreboles
en flechas convertidos
hieren su mismo dueño inadvertidos.
       Del humor que se exhala de la tierra
se hace la nube condensada, y luego
con arrogancia el fuego
al contrario elemento le hace guerra;
y en vez de darle abrazos,
con rayos a la nube hace pedazos.
       Esas que en vos, Clorinda, eran centellas,
si olvido por pasados sus rigores,
ocultos resplandores,
entre celajes muestran ya de estrellas;
y aunque lo oculta el velo
en vuestro cuerpo están como en su cielo.
       A vuestro cuerpo de marfil nevado
de lisonja le sirve y hermosea,
si bien a otros afea,
pues es marfil de mármol taraceado
que el rosicler vistoso
de las viruelas le hace más hermoso.
       No se atrevieron, aunque tan osadas,
a vuestro rostro por no darle enojos,
que de esos bellos ojos
temieron con rigor ser castigadas,
y porque a esa hermosura
pretendella afear, fuera locura.

 

Doña Ana Francisca Abarca de Bolea (española; 16¿23?/¿24?-finales del siglo XVII). En: Tras el espejo la musa escribe. Lírica femenina de los Siglos de Oro. Edición, introducción y notas de Julián Olivares y Elizabeth S. Boyce. Siglo XXI de España Editores, Madrid, 1993.

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25 abril, 2017

Miel

       ~James P. Lenfestey

En la tumba del faraón, miel,
espesa y dulce,
para acompañarlo en su viaje al Más Allá
que es, para ti y para mí
el Aquí y Ahora, explorando
con nuestras lenguas este oro viscoso
destilado de nuestras visitas furtivas
a un millón de flores al azar
hace cinco mil años
que hoy se merece cien y más
premios Nobel.

La miel es alimento del modo en que la poesía
es alimento, dulce igual que la sonrisa herida de un niño
es dulce, compleja del modo en que el buen vino
es complejo, arrebata a la boca toda
con un final adhesivo, perdurable.

A veces las palabras de miel en lenguas antiguas
cristalizan dentro de viejos libros de piedra
hasta que los traductores las calientan y devuelven
a su estado líquido, y nos sentamos, tú y yo, a hablar
y comer con el dulce, joven faraón.

 

James P. Lenfestey (estadunidense).  En: If Bees Are Few. A Hive of Bee Poems. James P. Lenfestey, editor. University of Minnesota Press, Minneapolis, 2016.

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