26 septiembre, 2017

Por qué tiembla

Ahora sé de las capas
Tectónicas, las fallas,
La Placa de Cocos.
                                 Pero nadie
Me quitará de la cabeza
Que el evento se debe
Al veneno que Thor vierte
Sobre Locki, atado
A una roca del subsuelo.
                                        Locki
Se revuelve de rabia y dolor
Y la tierra tiembla.
                               O bien todo se debe a
                                                                     La tortuga
Inmensa bajo tierra
De la que hablaba mi madre:
La tortuga que despierta
Por un momento
  En su eternidad
Y abre
Y cierra
Los ojos.

 

[Poema del bloguero sobre un pasaje de La alucinación de Gylfi y otro pasaje de Kuo Mo-Yo (1892-1978).]

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25 septiembre, 2017

Isla a lo lejos

       ~Vitorino Nemésio

I
Piedra quemada, alteración del mundo,
Alba en el pasto de la estrella firme,
En una gota de leche pienso la tarde,
Voluntad de alejarme,
Y arde el fondo
De todo.

Por encima las nieblas acomodan
La noche de aves calmas sobre el huevo,
Oscurecen y envuelven,
Embalsaman el pueblo.

Eres eso, isla nocturna,
Recuerdo de distancia:
Te doy lo que me diste
Como al pelo del potro la saliva de yegua.

Por fuera sólo el duro signo
Modifica el estéril horizonte:
Se acercan y se evaden de lo oscuro
La fuente, el pan, la vaca y el aliento.

Isla, capucha sin cabeza en el mar solitario,
Mi frente te perdió:
Tendré sombra en la paz, al término del día,
Que transformó la muerte en noche.

II
Cuando nací sabía a fuego
La falda de mi madre,
De agua de lava: luego seca
En las penas de un hijo.

Me dio pastel tierra quemada,
Cepa de luz imaginación:
La vida de un muchacho es suelo.
La muerte, evaporación.

Vitorino Nemésio (portugués; islas Azores, 1901-Lisboa, 1978). En: Revista de Occidente. Número 342, Madrid, noviembre 2009. Traducción de Andrés Sánchez Robayna.

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22 septiembre, 2017

Poema conjetural

       ~Jorge Luis Borges

              El doctor Francisco Laprida,
              asesinado el día 22 de setiembre de 1829 por los montoneros de Aldao,
              piensa antes de morir:

       Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.

       Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me acecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca,
con jinetes, con belfos y con lanzas.

       Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes,
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.

       Pisan mis pies las sombras de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos
se ciernen sobre mí… Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.

 

Jorge Luis Borges (argentino; 1899-1986). En: Obra poética. Alianza Editorial, Madrid, 1972. [En la grabación del disco editado por la UNAM en la colección Voz viva, antes de leer “Poema conjetural” Borges explica que el poema anterior que ha leído, “El general Quiroga va en coche al muere”, lo concibió “de un modo visual, casi como una litografía”. Añade: “años después, pensé en tomar otra muerte trágica de nuestra historia (argentina): la de Francisco Narciso de Laprida, y escribir el poema no desde afuera, sino desde adentro, desde la conciencia de Laprida. Este poema, a la manera de ciertos monólogos de (Robert) Browning, sigue el pensamiento de un hombre. En el último verso dice: ‘El íntimo cuchillo en la garganta’. El poema concluye porque la conciencia del protagonista concluye; o sigue, acaso, en otro mundo que no conocemos”.

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