Ganar y perder

~Anónimo

Si vais a ver el ganado,
muy lejos estáis de verme,
porque en haberos mirado
no supe sino perderme.

Si vais a ver el perdido
tampoco me ves a mí,
pues desde que me perdí,
por ganado me he tenido.

Y si al perdido y ganado
vais a ver, bien podéis verme,
pues en haberos mirado
supe ganarme y perderme.

En Poesía de la Edad de Oro. I. Renacimiento. Edición de José Manuel Blecua. Clásicos Castalia, Madrid, 1984.

Yo tuve un águila

              ~Rafael Torres Sánchez

Yo tuve un águila,
un día yo tuve un águila,
qué bárbaro,
qué águila tuve yo.

Yo tuve un águila
que a su vez me tuvo,
qué bruto,
cómo me tuvo mi águila,
con cuánto orgullo,
qué pajarón aquel.

Nosotros nos tuvimos mutuamente
hasta que ellos nos destuvieron.
Nos mandaron a un insistente ra,
a la chiquitibum,
a 31 estados de humor negro,
a 31 insomnios.

Ahora yo tengo un periquito
australiano,
chiquito,
una nada de pájaro.
Caso no me hace,
no se le nota orgullo de su dueño.
A ratos le tengo cierta inquina.
Con todo, lo tapo por las noches:
No puedo dormir de la preocupación
al pensar que lo pierdo,
al pensar que hasta ese miserable animal
pierdo yo.

En: Rafael Torres Sánchez (mexicano,1953), Fragmentario. FCE, 1985.

Niccolò Maquiavelo (1469-1527)

        ~Hans Magnus Enzensberger

Niccolò Niccolò cinco veces centenario
sobre tu dura cabeza pongo esta corona de flacas palabras

En confianza te diré que razones sobran para admirarte
tan enjuto y meticuloso y roído de teorías

Niccolò maestro del ambular rastrero
siempre amargado funcionario de una república mezquina

Estratega, embajador, Señoría, policía
siempre pagado por debajo de tus ínfulas de advenedizo

Modelo de cronistas e historiadores (Si pudiera, sin violentar demasiado,
pasar por alto o mitigar tales hechos discretamente)
Igual que tú entonces hoy fisgonean cajones inmundos
atiborrados de soldados de plomo rotos y príncipes mohosos

Como un rústico hidalgo te toca comer ahora higos, alubias y tocino seco
robado a los gusanos, y te agobian las piedras del hígado y la venta de madera

En cuanto a tus mujeres, las desplumabas como chochas
en las vísperas, y en tu mente bursátil te parecían bienes flotantes

En mi ratonera, donde no hay un alma que recuerde mis fieles servicios
ando en porfía por diez liras de deuda en el juego

No temas, Niccolò, nosotros sabemos tus méritos
y bien recordamos tus tiempos gloriosos

Por ejemplo en 1502 en Pistoia, ¿quién aconsejó al caudillo
arrasar las ciudades, quemar los campos y deportar la población?

Y si alguien se resistía, una soga al cuello y al cadalso
pues menos duelen pequeños escarmientos que tolerancia en exceso

Aquel fue un buen año para Mr. Borgia, magnísimo y brillantísimo
para su ghostwriter Niccolò y para el First National City Bank of Florence

Diez años después la catástrofe, la paga de un mundo ingrato,
el retiro a los cuarenta y tres años y una magra finca rural

Con lágrimas de amargura: Nunca más jubilosa
despierta la ingratitud como en el corazón del pueblo

Incomprendido como todo genio, gran capitán
en lo alto de una topera, vendedor ambulante de verdades eternas:

Este es el curso que todos los regímenes políticos
del mundo han seguido, siguen y seguirán siempre.

La prueba: la Historia, tu autorretrato, una retahíla
de rapiñas, perjurios y locas intrigas

Acabada la labor del día me desprendo de la sucia chamarra,
visto mis hábitos cortesanos y voy a la columnata de los ancianos

Y vena poética en la noche: sonetos de mendigo al gángster de turno
Todo renacentista cabal se humilla de vez en cuando

Niccolò Niccolò flor y nata de Europa, henchido
hasta el cuello de Razón de Estado y de conciencia inenarrable

Viste la oreja a tus lectores: Napoleón, Franco, Stalin y yo,
tus agradecidos discípulos, y por ello mereces elogios:

Por tus secas frases lapidarias, por tu audaz cobardía,
por tu profunda banalidad y por tu Nueva Ciencia

Niccolò, canalla, poeta, oportunista, clásico, verdugo:
eres el puro retrato del pasado y por eso elogio el que pintaste

Compadre Niccolò, te juro que no lo olvido, y por ser mil veces
tus mentiras verdad, maldigo otras tantas tu mano torcida.

En: Hans Magnus Enzensberger (alemán, 1929), Mausoleo. 37 baladas de la historia del progreso. Trad. Kim Vilar. Editorial Anagrama, Barcelona, 1979.