Con una manzana verde

~Anónimo (mapuche)

Cuando era joven llegué
a tierras de Sayhueque.

Con una manzana verde
con una manzana verde.

Me presenté a una soltera,
la más bonita “pehuenche”.

Con una manzana verde
con una manzana verde.

Aquí viene –se decía—
un indio gaucho, y valiente.

Con una manzana verde
con una manzana verde.

Me presenté a la soltera
entre ricos pretendientes.

Con una manzana verde
con una manzana verde.

Yo solo la conquisté
con una manzana verde.

Con una manzana verde
con una manzana verde.

Anónimo (mapuche, Argentina). En: Poesía popular y tradicional americana. Edición de Lidia Rosalía de Jijena Sánchez. Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1952.

Un muchacho domina el balón

~Christopher Merrill

Un muchacho domina el balón
      al fin del entrenamiento: del pie derecho
al izquierdo, hacia adelante y atrás,
      al pie derecho, al izquierdo, y del izquierdo
al muslo, mientras gira en círculo, hasta que el balón
      baja por la parte interior de su pierna,
como una cosquilla de sudor, y ahora lo domina
      y lo golpea con la parte
blanda del pie, y sin que caiga le pega una,
      dos, tres veces, sostenido sobre un pie
como un saltador de cuerda en el gimnasio,
      y controla el balón y lo mantiene
en el aire, y ahora lo para sobre el empeine
      de su pie izquierdo, el más débil,
y avanza hacia adelante, y va hacia atrás,
      y eleva el balón y le da con la cabeza;
y lo mantiene en el aire, y lo cabecea
      cada vez con mayor suavidad,
hasta que el balón se va durmiendo
      como un estribillo moribundo,
y se balancea con lentitud sobre la frente
      del muchacho; el sol ardiente
y el sudor le cubren los ojos mientras él
      vuelve a cabecear el balón con levedad,
encoge los hombros, inclina la cabeza
      y detiene el balón en la nuca,
y doblando la cintura, ve su sombra,
      su playera ondulante, las hojas inclinadas
de grama parda en el calor del verano;
      y al relajarse, el balón le resbala
por la espalda… y se escapa al pie.

      El muchacho gira, va por el balón
como si fuera una roca con la que se tropezó,
      y presionándolo con el pie izquierdo
lo empuja hacia el pie derecho hasta que el balón
      regresa al aire, y de un taconazo el muchacho
lo eleva sobre la cabeza –¡el arcoiris!– y lo recibe
      sobre el muslo extendido para que luego baje
por la rodilla y la espinilla, y el muchacho
      pueda dominarlo nuevamente
del pie izquierdo al pie derecho –y del derecho
      al izquierdo– mientras avanza, en el último
día del verano, dando vueltas por el campo vacío.

Christopher Merrill (estadunidense; 1957). En: Poets. org. Academy of American Poets, 2001. (Versión de LMA.)

El caballero de la yerbabuena

~José Juan Tablada

El erudito habla del pasado
Y la chica-loca-de-su-cuerpo…del futuro

Un beluario de peces de colores
Ansía gozar del instante
De azogue que le escurre entre las manos…

En la más sincopada de las rumbas
Préndeme tu vacuna, oh mariguana,
Universalizando el incidente

Mudanza en la plazuela nocturna
Sombras de caoba
Y espejos triangulares de roperos de luna

Hace equis en mi recuerdo
Aquel zig-zag cubista
De la calle del Biombo, de Querétaro…

Estremece el procaz orgullo
De sus ancas elásticas
La daifa
Ajena al ejemplar candor
De sus ojos de camaleón

          Entre la jaula ultra-violeta
          Y profesional de la ojera,

Mientras que las momias del docto
Apenas exhumadas se hacen polvo…
¡QUIÉN VIVE! …grita la boca brutal del cuartel
¿Quién vive?… ¿Quién muere?… ¡Quién sabe!…

Las caobas se desploman en ébanos,
Un relámpago frota de amarillo
Los pretiles de vidrio
Donde estrellan los gatos
Sus violoncellos sádicos…

Escurre por los muros bermejos
Un escalofrío plateresco…

EL GIGANTE INDIO VERDE,
Sentado en cuclillas
En medio de la plazuela de Regina,
Devora su irónica angustia
Dentro de las transparentes
Pirámides de la Luna…
          ¿Querría deshacer sus basaltos
          De dolor antediluviano?

¡QUIÉN VIVE!  Truena otra vez la voz
En fogonazo de pólvora y alcohol…
Coheteros de la noche, carboneros del día,
          Mujerzuelas de la rumba,
          Amigo erudito
          Torvo político
          Arzobispo
          Jardinero de Xochimilco

Que espiabais detrás de la esquina
Os acordáis que el espectro contestó
Frente al volcán y al sol
¿Quién vive?…

EL CABALLERO DE LA YERBABUENA
                                      ¡YO!

José Juan Tablada (mexicano; 1871-1945). En: Los mejores poemas. Presentación, edición y notas de Héctor Valdés. UNAM, México, 1971.