El corazón

~Stephen Crane

Me encontré a aquel hombre
Tirado sobre el desierto
Devorando
Un corazón.
                       –¿Está
Sabroso?– le pregunté–. No–
Contestó: –Sabe más
Amargo que el carajo.
                                     Pero
Me lo como por eso, y sobre todo
Porque se trata de mi
                                   Propio
                                                 Corazón.

Stephen Crane (estadunidense; 1871-1900). En The Black Riders and Other Lines (1895. Poet’s Corner, 2000). Título y versión libre de LMA.

Dos del hermano

~Silvia Tomasa Rivera

Mi padre está haciendo unos muebles
para la casa, y pasa todo el tiempo en el aserradero:
eso nos da margen a mi hermano y a mí
de adentrarnos en el campo.

Seguimos el camino de las arrieras
hasta llegar al lindero.

Ayer vimos una víbora de cascabel,
estaba enroscada y mi hermano la mató con un palo.

Yo no dije nada, pero sentí que los orines
me bañaban las piernas.

Regresamos a casa antes de que oscurezca,
porque si te agarra la noche en el camino
puede pasarte todo,
hasta que la bruja te lleve
en su escoba de malvas, rumbo al río.

*

Vino el abuelo a visitarnos
y le trajo a mi hermano un rifle
para matar conejos; a mí no me dio nada,
yo soy la mayor pero soy mujer.

Mi hermano desde que carga el rifle no me habla,
tiene 10 años y yo 12.

Pobre hermanito, por andar correteando perdices
se cayó de la yegua, montaba a pelo
y la reata que le servía de rienda
se le enredó en un pie;
la bestia lo arrastró entre los huizaches.

Se lo llevaron al pueblo en una camioneta,
tiene 3 días en el hospital y no sale.

Mi madre no hace más que llorar y ver la carretera.

Silvia Tomasa Rivera (mexicana; 1956). En: Duelo de espadas. Volumen colectivo: ¿Será esto el mar? Ediciones Punto de Partida. UNAM, México, 1984.

Por Pancho Salas, por nosotros

~Antonio Cisneros

Así es, viejo,
no se puede jugar con esas cosas
–hígado, corazón, cerebro.
“Un dolor de cabeza y entró en coma”,
y entonces no hay más días
para cortarse el pelo,
para cobrar las deudas o pagarlas
–y se cierran los templos
Del Sol y de la Luna.
“Fue un caso en un millón”,
pero ya no caminas bajo el pino
de la calle Arenales
y ya no escoges más
entre el trigo y la paja
–las leyes de la oferta y la demanda.
Un dolor de cabeza, viejo,
y ni te enteras
de la arteria obstruida y esas cosas
que después todos saben menos uno
–canto y dolor de los sobrevivientes.
Llueve en las colinas de Southampton,
el agua pasta entre las viejas tumbas,
y esta noche
los sabios, los holgados
–libres ya de negocios,
guerras de religión,
dolor de muelas—
son tan altos y antiguos como tú.

Southampton Hospital, 13 mayo 69

Antonio Cisneros (peruano; 1942-2012). En: Propios como ajenos. PEISA, Lima, 1989).