Mariposas para Juan Rulfo

       ~Gonzalo Rojas

Cómo fornicarán felices las mariposas en
el césped oliendo
de aquí para allá a Dios sin
que vaca alguna muja encima de
su transparencia, jugando a jugar
un juego vertiginoso a unos pasos
blancos del cementerio con el mar
del verano zumbando allá abajo ocio y
maravilla.
Rulfo habrá soplado en ellas tanta
locura, Juan Rulfo cuyo Logos
fue el del Principio; les habrá dicho: -Ahora, hijas,
nos vamos de una vez
del páramo.
¿Y ellas? Ahora ¿qué harán
ellas sin Juan que cortó tan lejos
más allá de Comala en caballo único tan
invisible? ¿bailarán, seguirán
bailando para él por si vuelve, por
si no ha pasado nada y de repente
estamos todos otra vez?
Por mi parte nadie va a llorar, ni
mi cabeza que vuela ni la otra
que no duerme nunca. Se ha ido
y se acabó, nadie
corre peligro así acostado oyendo
los murmullos aleteantes.
                                                                —Con tal
de que no sea una nueva noche.

 

Gonzalo Rojas (chileno; 1916-2011). En: Gonzálo Rojas, Antología de aire. FCE, Santiago, Chile, 1991.

Entre lloviznas

       ~Issa

Entre lloviznas
primaverales,
la niña al gato
le enseña bailes

 

Issa (japonés; 1762-1826). En: El libro del haikú. Selección, traducción y estudio crítico de Alberto Silva. Editorial BAJOLALUNA, Buenos Aires, 1ª. reimpresión, 2012.

Día de mayo

       ~Sir Henry Wotton

…Naturaleza toda pareció enamorada.
Empezaba a moverse la savia vigorosa;
vibraba un jugo nuevo en enlazadas vides
y entonaban los pájaros su cántico de amores.
La recelosa trucha, que oculta reposaba,
alzóse en pos de alguna bien disfrazada mosca:
allí estaba mi amigo, paciente en su destreza
y muy atento al corcho tembloroso.
Ya tomó posesión de los aleros,
con su pintado nido, el raudo peregrino:
y ya los bosquecitos alegraba
la triunfante voz de Filomela.
Breves son los chubascos y es bonancible el tiempo;
fresca está la mañana y la tarde sonríe.
Juana toma su cubo, muy lavado,
y ya corre a ordeñar la vaca rubia;
allí, para un fornido zagal, diestro en los juegos,
prepara uno o dos dulces, batiendo leche y sidra.
Los campos y jardines adornaban
tulipas, azafranes y violetas;
y al fín, aunque tardía, la recatada rosa
mostraba su rubor algo encendido.
Así, todos estaban regocijados, dando
la bienvenida al año, que luce ropas nuevas.

 

En: Antología. Poesía inglesa de los siglos XVI y XVII. Editorial Origen, México, 1984.