vasco-diaz-de-frexenal

       ~Vasco Díaz de Frexenal

      En Frexenal de la Sierra
nascí yo desventurado
en malívolo planeta,
en signo mal constellado;
en la provinicia de Extremo1,
al pie del cerro Tiznado,
con los Algarves confina
al lusitano collado;
cuando Marte con su furia
mostró su poder airado,
do Baco con gran trïunfo
salió mansó y reposado;
do las náyades doncellas
regocijaron el prado,
cuando Ceres y Dïana
fueron fuera de poblado,
al tiempo que Juno y Tetis2
se subieron al collado
y en las aguas admirandas
Salmacis3 entró de grado;
do Vesta4 llegó desnuda
con su escuadrón ordenado;
Copia5 con cuerno vacío,
Venus con vulto6 turbado,
cuando Palas7 con reposo
cubrió su cetro dorado
y Minerva, muy lasciva,
salió con todo su estado,
don Vulcano con su fragua
llegó muy aferruzado8;
allí Cupido9, su hijo,
me tocó el siniestro lado
con la saeta dorada,
hecha de plomo mezclado10.
Entonces Marte triunfaba,
Mercurio fue desterrado,
Saturno estaba contento,
Febo se mostró nublado;
do el gran Júpiter sintiendo
tan malicioso cuidado
mandó que todos los signos
mostrasen poder doblado;
do el Carnero nutritivo
del Vellocino dorado
se mostró muy animoso,
y el gran Toro muy airado;
el León, muy bravo y fiero,
bramaba muy denodado;
el Cabrón, de barba luenga,
daba gritos de espantado;
el Sagitario corría
a gran mal determinado;
el Cangrejo rastreaba
sin punto se estar parado;
el Escorpión furïoso
iba muy emponzoñado;
los dos hermanos11 de un vientre
se habían aporreado;
Erigo12, mujer estéril
su rostro mostró turbado;
la Libra, desordenada,
con el peso ha barajado;
Acuario, triste, nubloso,
salió de curso en el prado;
el Pece saltaba encima
con modo mal reposado;
los dragones regañaban,
los canes se han maltratado,
las osas se barajaban,
las cabras pasando el vado;
las hadas, con caras tristes,
a mí se hobieron llegado,
do la vihuela sonaba
con modo desacordado;
el cisne, triste, cantaba
casi fuera de su grado,
cuando de estribor volaba
para el campo, fulminado;
el cantar que allí decía
es el que aquí va notado:

                     CANCIÓN
¡Ay del que nasce en tal punto,
si nascido,
no pierde luego el sentido!

                     COPLA
      El triste que ora nasciere,
si lo conserva el vivir,
su triste suerte le quiere
para más mal que morir.
No lo podrá resistir,
si no ha perdido
para sentirlo, el sentido.

Vasco Díaz de Frexenal (Fregenal, Extremadura; murió hacia 1560). En: Poesía de la Edad de Oro. I. Renacimiento. Edición de José Manuel Blecua. Clásicos Castalia, Madrid, 1984.


1 Extremo: Extremadura

2 Tetis: hija del Cielo y de la Tierra y esposa del mar.

3 Salmacis: ninfa de una fuente que se enamoró de Hermafrodito.

4 Vesta: diosa romana del hogar.

5 Copia: la diosa de la abundancia.

6 Vulto: rostro.

7 Palas: epíteto de la diosa Atenea, nacida de la cabeza de Zeus.

8 aferruzado: ceñudo, iracundo.

9 Cupido era hijo de Vulcano y Venus, según una tradición.

10 Cupido arrojaba flechas de oro o de plomo. Los heridos por las primeras eran amados; los de la segunda, odiados.

11 los dos hermanos: el signo de Géminis.

12 Erigo: Virgo.

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6 agosto, 2014

Calles demasiado viejas

carl_sandburg

       ~Carl Sandburg
       (Versión de Jorge Luis Borges)

     Caminé por las calles de una vieja ciudad, y eran flacas las calles como gargantas de pescados duros del mar, salados y guardados en barriles por muchos años.

     ¡Qué viejas, qué viejas, qué viejas somos!—seguían diciendo las paredes, arrimadas unas a otras como mujeres viejas del pueblo, como viejas comadres que están cansadas y que hacen lo indispensable.

     Lo más grande que la ciudad podía ofrecerme a mí, un forastero, eran las estatuas de los reyes, en cada esquina bronces de reyes, viejos reyes barbudos que escribían libros y hablaban del amor de Dios para todos los pueblos, y reyes jóvenes que atravesaron con ejércitos las fronteras, rompiendo la cabeza de los contrarios y agrandando sus reinos.

     Lo más extraño de todo para mí, un extraño en esta vieja ciudad, era el ruido del viento que serpeaba en las axilas y en los dedos de los reyes de bronce: ¿No hay evasión? ¿Esto durará para siempre?

     Temprano, en una racha de nieve, uno de los reyes gritó: “Échenme abajo, donde no me puedan mirar las comadres cansadas; tiren el bronce mío a un fuego feroz, y fúndanme en collares para niños que bailan”.

Carl Sandburg (estadunidense; 1878-1967). En: Jorge Luis Borges, Textos cautivos. Ensayos y reseñas en “El Hogar”(1936-1939). Tusquets, Barcelona, 1986.

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sevilla

       ~Serafín y Joaquín Álvarez Quintero

“Hércules me edificó,
Julio César me cercó
de muros y torres altas…”

Estaba er señó don Hércules
aburrío en er planeta,
buscando un rincón de grasia
donde poné una taberna,
cuando ar pasá por er sitio
en que hoy está la Alamea
(que por eso desde entonses
lleva ya er nombre que yeva),
se paró como embobao,
respiró con toa su fuerza,
miró ar suelo, miró ar sielo,
y dijo: –¡Gachó, qué tierra!
Y ya está. Con cuatro tablas,
cuatro bancos, cuatro mesas,
dos barriles, una tisa,
un gato, dos ratoneras,
dose chatos, dose cañas
y dos carteles de feria,
abrió el establecimiento,
y así fue y puso la muestra,
en latín, que era el idioma
que en tiempos se hablaba en Serva:
“Aquí hay jerez, hay casaya,
mansaniya sanluqueña,
vino blanco der Condao
y unas tapas que marean.”
Tapas son boqueronsitos,
rajitas de cosas buenas,
asitunas, queso, gambas…
Empapantes, según Séneca,
que era de Córdoba, y tuvo
la grasia que tiene er Guerra.
Pos, señó, que sierto día,
que estaba la tasca yena,
y había cola de marchantes
hasta la misma Barqueta,
pasó por ayí sirbando
un Don Nadie: ¡Julio Sesa!
Pasó hasiéndose er panoli,
como aquer que no se entera,
pero con er rabo’el ojo
leyó hasta er libro de cuentas
–que son las apuntasiones
que en er mostradó se yevan–.
Carculó que aquer negosio
era mayó que la Venta,
y agarrando por las plumas
a uno que estaba a su vera,
que era sus pies y sus manos,
le dijo en romana lengua:
–Vamos a meté la pata,
a armá bronca, a armá pelea,
a repartí cuatro cosquis
y a quedarnos con la tienda.
Y dicho y hecho. Y cuidao
que esto está en la historia bética,
y lo que dise mi boca
pué ponerse en la Gaseta.

Julio ensanchó aquer negosio
como hombre de gran sesera;
puso dominó, biyares,
juego de la rana, ersétera.
Puso cocina; dio tapas
calientes, menudo, armejas…
Como guerrero, inventó
la costumbre de la espuela,
que es convidá a los amigos
con una caña a la puerta.
Puso también camarotes
que son cuartos de madera
donde van generalmente
las personas por parejas.
Puso papé matamoscas,
y no puso luz elértrica
ni timbres, porque er fluido
es una cosa moderna.

Serafín y Joaquín Álvarez Quintero (españoles; 1871-1983 y 1873-1944). En: Antonio Burgos, Rapsodia española. Antología de la poesía popular. La Esfera de los Libros, Madrid, 2005.

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