Niccolò Maquiavelo (1469-1527)

        ~Hans Magnus Enzensberger

Niccolò Niccolò cinco veces centenario
sobre tu dura cabeza pongo esta corona de flacas palabras

En confianza te diré que razones sobran para admirarte
tan enjuto y meticuloso y roído de teorías

Niccolò maestro del ambular rastrero
siempre amargado funcionario de una república mezquina

Estratega, embajador, Señoría, policía
siempre pagado por debajo de tus ínfulas de advenedizo

Modelo de cronistas e historiadores (Si pudiera, sin violentar demasiado,
pasar por alto o mitigar tales hechos discretamente)
Igual que tú entonces hoy fisgonean cajones inmundos
atiborrados de soldados de plomo rotos y príncipes mohosos

Como un rústico hidalgo te toca comer ahora higos, alubias y tocino seco
robado a los gusanos, y te agobian las piedras del hígado y la venta de madera

En cuanto a tus mujeres, las desplumabas como chochas
en las vísperas, y en tu mente bursátil te parecían bienes flotantes

En mi ratonera, donde no hay un alma que recuerde mis fieles servicios
ando en porfía por diez liras de deuda en el juego

No temas, Niccolò, nosotros sabemos tus méritos
y bien recordamos tus tiempos gloriosos

Por ejemplo en 1502 en Pistoia, ¿quién aconsejó al caudillo
arrasar las ciudades, quemar los campos y deportar la población?

Y si alguien se resistía, una soga al cuello y al cadalso
pues menos duelen pequeños escarmientos que tolerancia en exceso

Aquel fue un buen año para Mr. Borgia, magnísimo y brillantísimo
para su ghostwriter Niccolò y para el First National City Bank of Florence

Diez años después la catástrofe, la paga de un mundo ingrato,
el retiro a los cuarenta y tres años y una magra finca rural

Con lágrimas de amargura: Nunca más jubilosa
despierta la ingratitud como en el corazón del pueblo

Incomprendido como todo genio, gran capitán
en lo alto de una topera, vendedor ambulante de verdades eternas:

Este es el curso que todos los regímenes políticos
del mundo han seguido, siguen y seguirán siempre.

La prueba: la Historia, tu autorretrato, una retahíla
de rapiñas, perjurios y locas intrigas

Acabada la labor del día me desprendo de la sucia chamarra,
visto mis hábitos cortesanos y voy a la columnata de los ancianos

Y vena poética en la noche: sonetos de mendigo al gángster de turno
Todo renacentista cabal se humilla de vez en cuando

Niccolò Niccolò flor y nata de Europa, henchido
hasta el cuello de Razón de Estado y de conciencia inenarrable

Viste la oreja a tus lectores: Napoleón, Franco, Stalin y yo,
tus agradecidos discípulos, y por ello mereces elogios:

Por tus secas frases lapidarias, por tu audaz cobardía,
por tu profunda banalidad y por tu Nueva Ciencia

Niccolò, canalla, poeta, oportunista, clásico, verdugo:
eres el puro retrato del pasado y por eso elogio el que pintaste

Compadre Niccolò, te juro que no lo olvido, y por ser mil veces
tus mentiras verdad, maldigo otras tantas tu mano torcida.

En: Hans Magnus Enzensberger (alemán, 1929), Mausoleo. 37 baladas de la historia del progreso. Trad. Kim Vilar. Editorial Anagrama, Barcelona, 1979.

Autobiografía

       ~Luis Rosales

Como el náufrago metódico que contase las olas que le bastan para morir;
y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores,
hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.

En: Luis Rosales (español, 1910-1992), Antología poética. Alianza Editorial, Madrid, 1984.

El falso mendigo

Vinicius de Moraes

Madre, manda a comprar un kilo de papel rayado en el almacén
Quiero hacer una poesía.
Díle a Amelia que prepare un refresco helado
Y me lo traiga sin hacer ruido.
No corran, no hablen, cierren todas las puertas con llave:
Quiero hacer una poesía.
Si me hablan por teléfono, sólo estoy para María
Si fuera el Ministro, sólo recibo mañana
Si fuera una broma, llámame enseguida
Siento un enorme tedio de la vida.
Dile a Amelia que sintonice la Patética en la radio.
Si hubiera un gran desastre corre a contármelo
Si el aneurisma de doña Angela revienta, avísame.
Siento un enorme tedio de la vida.
Háblale a la abuela Nenem, pídele una idea bien inocente
Quiero hacer una gran poesía.
Cuando mi padre llegue tráiganme los diarios de la tarde.
Si me duermo, despiértenme, por amor de Dios.
No quiero perder nada de la vida.
¿Hicieron picos de ruiseñor para mi cena?
¿Pusieron en su lugar mi pipa y mis poetas?
Siento un enorme tedio de la vida.
Madre, tengo muchas ganas de llorar
Estoy con taquicardia, dame un remedio
No, antes déjame morir, quiero morir, la vida
Ya no me dice nada
Siento horror por la vida, quiero hacer la mejor poesía del mundo
Quiero morir inmediatamente.
Ah, piensa algo, madre, para distraer a tu hijo
Tu falso, tu miserable, tu sórdido hijo
Que estalla en fuerza, sacrificio, violencia, devoción
Que podría picar piedras alegremente
Ser negociante cantando
Ser abogado con la sonrisa justa
Si con ello no perdiese lo que por fatalidad de amor
Sabe que es lo mejor, lo más dulce y lo más eterno de tu purísima caricia.
                 
En: Vinicius de Moraes (1913-1980), Antología poética. Trad. Juan José Hernández y Haydée Jofré Barroso. Ediciones de La Flor, Buenos Aires, 1975.