Los limones

       ~Eugenio Montale

Óyeme, los poetas laureados
se mueven solamente entre plantas
de nombres poco usados: boj, ligustros o acantos.
Yo, para mí, amo las sendas que conducen
a las herbosas zanjas donde en charcos
casi secos acechan los muchachos
alguna enjuta anguila:
los senderos que siguen los ribazos,
bajan entre el penacho de las cañas
y llevan a los huertos, entre los limoneros.

Mejor si la algazara de los pájaros
se apaga devorada por el cielo:
más nítido se escucha el susurrar
de las ramas amigas al aire casi inmóvil,
y las sensaciones de este olor
que no sabe apartarse del suelo
rociando el corazón de una dulzura inquieta.

Aquí, de las pasiones desviadas,
calla la guerra, por milagro,
aquí también a los pobres nos toca nuestra parte de riqueza
y es el olor de los limones.

Mira, en estos silencios en que las cosas
se abandonan y parecen muy próximas
a traicionar su último secreto,
a veces esperamos
descubrir un olor de la Naturaleza,
el punto muerto del mundo, el eslabón perdido,
el hilo que al desenredarlo finalmente nos ponga
en el centro de una verdad.
La mirada sondea a su alrededor,
la mente indaga, concuerda, desune
en el perfuma que se propaga
cuando más languidece el día.
Son los silencios en los que ve
en cada sombra humana que se aleja
alguna perturbada Divinidad.

Pero desfallece la ilusión y el tiempo nos devuelve
a las ciudades rumorosas donde el azul se muestra
solamente  retazos, en lo alto, entre molduras.
Después, la lluvia cansa el suelo; se espesa
el tedio del invierno sobre las casas,
la luz se torna avara, amarga el alma.
Hasta que un día, a través de un portón mal cerrado,
entre los árboles de un patio
se nos aparece el amarillo de los limones,
y se deshiela elcorazón,
y retumban en nuestro pecho
sus canciones
las trompas de oro del esplendor solar.

        
         Eugenio Montale (italiano; 1896-1981). En: Antología. Traducción de Horacio Armani. Fabril Editora, Buenos Aires, 1971. [N. del T. Aquí, de las pasiones desviadas…: La sintaxis exacta de estos dos versos sería: Aquí, por milagro, calla la guerra de las pasiones desviadas.]

XII. AQUÍ ES DONDE HACEMOS LOS NEGOCIOS LIMPIOS AHORA VAYAMOS POR EL CORREDOR AL CUARTO OSCURO DONDE DE VERDAD HAGO DINERO

       ~Anne Carson

Quieres ver cómo iban las cosas desde el punto de vista del marido:
vayamos a la parte de atrás,
allí está la esposa
de brazos cruzados y encarando al marido.
Lágrimas no, le está diciendo él, no más lágrimas. Pero siguen cayendo.
Lo está mirando.
Perdóname, dice él. Me crees, verdad.
Mirando.
Nunca quise hacerte daño.
Mirando.
Esto es trivial. Parece Beckett. ¡Di algo!
Creo que

tu taxi ya está aquí, dijo ella.
Él miró afuera. Ella tenía razón. A él le hirió
el patetismo de su fino oído.
Ahí estaba ella una persona con rasgos particulares,
cierto tipo de corazón,vida latiendo en ella a su manera.
Le hace señas al taxista, cinco minutos.
Sus lágrimas han cesado.
¿Qué hará cuando me haya ido? se pregunta él. Su noche. Se le cortó el aliento.
Su extraña noche.
Bueno dijo él.
Sabes empezó ella.
Qué.

Si pudiera matarte tendría que volver a hacer otro exactamente igual a ti.
Por qué.
Para contárselo a.
La perfección se posó en ellos un instante como la calma sobre un lago.
El dolor permaneció.
La belleza no permanece.
El marido tocó la sien de su mujer
y dio media vuelta
y bajó
corriendo
las
escaleras.

Anne Carson (canadiense; 1950). En: La belleza del marido. Un ensayo narrativo en 29 tangos. Traducción de Ana Becciu. (Ligeramente adaptada para este blog.) Editorial Lumen, Barcelona, 2003.

Cuando me dices, amada, que de niña…

       ~Johann Wolfgang von Goethe

Cuando me dices, amada, que de niña
no les gustabas a los hombres,
y que tu madre te despreciaba, hasta que creciste
y en silencio te desarrollaste, lo creo,
y con gusto te imagino como una niña rara.
También le falta forma y color a la flor de la vid;
luego la fruta, madura, seduce a los hombres y a los dioses.

        
Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832). En: Elegías romanas. Traducción, prólogo y notas de José Joaquín Blanco. Breve Fondo Editorial, México, 1996.