Ideal y Cantina

            ~Malcolm Lowry

Nociones de libertad van atadas al trago.
Nuestra vida ideal contiene una cantina
En donde el hombre puede sentarse y hablar o pensar sólo,
Todo sin miedo al oscuro dragón heráldico;
O bien otra cantina donde al parecer
No hay letreros de “Hoy no se fía, mañana sí”
Y, aparte de las cervezas ilimitadas,
Nos sentamos bastos de ebriedad, locos, a editar
Trechos de una tierra mejor en la que el hombre
Acceda a un vino superior, ah, sin destilar,
Que embriague sutilmente, sin congojas,
Y se teja la visión de la posada inasimilable
Donde podemos beber para siempre sin deudas,
Con la puerta abierta y el viento entre nosotros.

Malcolm Lowry (1909-1957), en The New Yorker, mayo 5, 1962. (Versión de Luis Miguel Aguilar.) 

Soneto del amor por teléfono

       ~Tomás Segovia

Bueno bueno quién habla quién me llama
oigo apenas tu voz en lo distante
dónde estás dónde estás en este instante
telefónico amor fantasmal dama

ruidos palabras en confusa trama
con que tu voz Penélope inconstante
teje y desteje su tapiz sonante
parpadea el lenguaje pues es llama

de cerca eres igual que por el hilo
amor desconcertante amor mi enigma
también en vivo frente a ti vacilo

sólo a medias te entiendo y lo demás
me escapa me destruye cruel estigma
oh qué dices quién eres dónde estás.

En: Tomás Segovia (1927-2011), Bisutería. UNAM, México, 1981.

La vaca ciega

       ~Joan Maragall

En los troncos topando de cabeza,
hacia el agua avanzando vagarosa
del todo sola va la vaca. Es ciega.
De una pedrada muy certera un ojo
le ha desecho el boyero y en el otro
se le ha puesto una tela; es vaca ciega.
Va a beber a la fuente en que solía
mas no, como otras veces, con firmeza
ni con sus compañeras, sino sola.
Sus hermanas por lomas y cañadas,
por silencio de prados y riberas
hacen sonar la esquila mientras pastan
hierba fresca al azar; ella caería.
Topa de morro en la gastada pila,
afrentada se arredra, pero torna,
dobla la frente al agua y bebe en calma.
Poco y casi sin sed; después levanta
al cielo, enorme, la testuz cornuda
con gesto de tragedia, parpadea
sobre las muertas niñas y se vuelve
bajo el ardiente sol de lumbre huérfana,
por sendas que no olvida, vacilando,
blandiendo en languidez la larga cola.

Joan Maragall (1860-1911). Versión de Miguel de Unamuno. En Poesías escogidas. Editorial Losada, Buenos Aires, 2ª. ed., 1972.