17 septiembre, 2014

Charles Darwin (1809-1882)

       ~Hans Magnus Enzensberger

El hombre que nunca quería.
Sentía mareos de pisar la Tierra.
“Genial”, “innovador”, “apabullante”, “un titán”:
él no quería. Desde un principio
se resistió por todos los medios.
Náuseas, migrañas, hipocondrias.

La escuela, simplemente en blanco.
Disimula, afecta mediocridad, pereza.
Los estudios: insoportables, pesados, repulsivos,
tiempo en vano. No comprende las matemáticas,
no retiene los clásicos, como un cerdo ignorante
en Historia, Política y Filosofía moral.

Se supone que va a ser médico:
no puede ver sangre.
Lo quieren meter a cura:
no sabe latín.
Un negado. De todo se desentiende,
vacila, elude consecuencias,
le faltan codos y coraje.

El matrimonio: un despilfarro de tiempo.
Los hijos: preferibles a un perro.
Rehúye las diversiones:
son lo peor, lo más horrible.

Y su famosa vuelta al mundo: casi a contracorazón,
casi por error. Yace a bordo
sobre la mesa de mapas horas enteras.
Vértigo, inapetencia,
reúne pruebas, datos, muestras.
Las convicciones se las guarda.
Un buen día lee a Malthus
(por pasar el rato): palpitaciones,
escalofríos, y en el cerebro
una tormenta eléctrica. No hay más
escapatoria. De ahí a la evolución:

nace El origen de las especies, se desarrolla
“de manera natural”, irrefrenable,
una especie nueva de ideas, todo un proceso
de trituración del triturador, continuo,
lento, tenaz, despiadado.

Transige, contrae matrimonio,
se retira a un pueblo sosegado,
elude viajes, visitas, riesgos:
se jubila con treinta y tres años.

Mi mente parece que se ha mutado
en una especie de máquina que tritura datos
y los transforma en leyes generales.

Siete años la Estructura y distribución de los corales.
Veintiuno, los Hábitos y movimientos
de las plantas trepadoras y similares.
Ocho más para los Percebes y demás cirrípedos
(dos tomos los vivientes, dos más los fósiles).

La piel genera un duro cascarón
que protege al ser igual que una armadura.
Por lo que hace al resto de mi vida,
no tengo nada más que reseñar,
fuera de la publicación de mis libros.

Programa diario: máximo cuatro horas
de trabajo, y visita luego al plantío.
Larga siesta, envuelto en la bufanda,
sobre el sofá. Cambiarse. Cena y velada:
alguien toca una sonata al piano.

Va pronto a la cama. No puede dormir:
Pasaba malas noches generalmente.
Yacía con los ojos abiertos o se sentaba.

(A cien leguas de allí—en línea recta—
otro inválido, de mala gana y sin reposo*
trabaja en pro de la subversión: dolencias
de hígado, náuseas, forunculosis, lacio
como una mosca, sin sueño, martirizado
por la exorbitante deyección de sangre.
Soy una máquina condenada a deglutir
libros y más libros, para más tarde
deponerlos como abono
en el estercolero de la Historia.)

El pobre diablo –comenta su jardinero—
no da golpe, y se pasa los minutos
mirando pasmado un girasol.
Si tuviera algo que hacer
no le iría tan mal.

Atrofia dolorosa, una sensación
de estar del todo marchito
menos para la ciencia,
y es peor aún:
a ratos llego a odiarla.

No quiere, nunca quiso, y sin embargo
inmola su vida entera a “la Naturaleza”,
y todo su vil despilfarro, sus burdas chapuzas,
su asquerosa crueldad: de forma metódica
como un contador, como una lombriz.

La formación de tierra vegetal
por obra y acción de las lombrices.
Un examen de los hábitos de éstas.
Su importancia en la Historia de la Tierra
es insospechable. Su musculoso estómago
tritura la tierra. Así hacen humus a toneladas
de forma tenaz y silenciosa.

 

Hans Magnus Enzensberger (alemán, 1929). En: Mausoleo. 37 baladas de la historia del progreso. Trad. Kim Vilar. Editorial Anagrama, Barcelona, 1979.


* Karl Marx.

De la exposición “Darwin. Apto para todas las especies”, Antiguo Colegio de San Ildefonso, México, DF, 14 de junio a 21 de septiembre, 2014. Es el estudio de Darwin en el barrio de Down, a unos 25 kilómetros de Londres y a donde desde 1842 Darwin y su familia huyeron en busca de paz y tranquilidad. “Durante los siguientes 40 años, ese hogar, al que llamaron Casa Down, fue el refugio, la estación de investigación y el centro de la enorme red científica de Darwin”.

De la exposición “Darwin. Apto para todas las especies”, Antiguo Colegio de San Ildefonso, México, DF, 14 de junio a 21 de septiembre, 2014. Es el estudio de Darwin en el barrio de Down, a unos 25 kilómetros de Londres y a donde desde 1842 Darwin y su familia huyeron en busca de paz y tranquilidad. “Durante los siguientes 40 años, ese hogar, al que llamaron Casa Down, fue el refugio, la estación de investigación y el centro de la enorme red científica de Darwin”.

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12 septiembre, 2014

A Vasconcelos en su Centenario

       ~José Joaquín Blanco

   1   Si confundías más de lo que enseñabas,
Y dogmas que imponías con frases como armas
Contradijiste cuanto te dio la gana.

   2   Si arrebatado de grandeza provinciana
Profetizaste a pueblos, razas y universos,
Redimiendo aquí lo que allá demonizabas.

   3   Si la antorcha de que te sentiste Prometeo
Devino fallida estopa de saboteador incendio
Civil –que finalmente controlaron los bomberos.

   4   Si vuelto todo nervio, todo fervor en llamas,
Codiciabas el poder como cualquier sargento,
Y la Silla te inspiró más líneas que Pitágoras.

   5   Si la Idea Pura del indostano y del griego
Te empezaba a envolver, tu cuerpo al momento
Se revolcaba en las camas como inerme mujeriego.

   6   Tu muerte no se asienta y las preguntas
—Rumores en la turba que ya te homenajea—
Ajan, despeinan, ironizan e insultan

   7   Tu estatua de profesional prócer togado
A la romana, como en función teatral
De Julio César, por un grupo escolar aficionado.

   8   Inventaste un Quetzalbuda bastante irregular
Como un impetuoso actor desmemoriado,
Que en el papel de Peer Gynt le diera por recitar

   9   Parlamentos del Áyax, tonadas de Wagner;
El Catecismo de Ripalda, El manual de Carreño,
Los astros, los cielos; tangentes y secantes;

   10   Como esos sabios de botica en apartados pueblos
Que dan clases de todo, y a su alrededor
En kilómetros y kilómetros no se halla otro genio.

   11   El ministro autoritario candidateó la Democracia.
El mártir demócrata ensalzó las dictaduras.
El pecador público se rindió a la frailocracia.

   12   Y no encontró (agobiado en su desventura)
Este hombre de acción, otro dominio,
Que –en el antilibresco México—la literatura.

   13   Frente al fragor de la Silla, ¿qué son
Unos cuantos libros arrebatados?
“No, no me agarrarán ni como autor”,

   14   Dijiste, y te pusiste finalmente
A mutilar tus libros, a volverlos
Ambiguas, irónicas plegarias de creyente.

   15   “Pinches libros. Porquerías. La literatura, bah.
La política, al carajo. Hasta la madre
Me tienen, nacos agringados de México-nixtamal”.

   16   ¿Qué hacer contigo, en dónde pues meterte
Que dejes de dar lata con tus sueños y gargajos?
¿En qué nómina, nicho o curul comprometerte?

   17   En el mágico país donde cada seis años
Tenemos de próceres a 25 mil funcionarios
Ni José Vasconcelos escapará del mármol.

   18   Por más que haya dicho, desdicho y mentado;
Ido y venido, subvertido y escandalizado,
Ya le toca su pedestal: —Por aquí, licenciado.

27 febrero 1982

José Joaquín Blanco (mexicano; 1951). En: Poemas escogidos. Editorial Penélope, México, 1984.

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11 septiembre, 2014

Poema

       ~Juan Carlos García Álvarez

Como antenitas de trolebús
siempre juntos
sin tocarnos.

 

Juan Carlos García Álvarez (mexicano; 1961). En: Anuario de poesía 1990. INBA, México, 1991.

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