Sala de cirugía para hombres

       ~Robert Graves

Algo ocurrió después de la operación
que alarmó a los cirujanos (aunque no fue culpa de ellos)
cuya calma no me engañó mucho tiempo.
Detrás de los tímidos, preocupados rostros de las enfermeras,
un ojo único calentado al blanco me enfocaba,
hizo brotar ríos de sudor desde el cráneo hasta el vientre.
Silbé, di boqueadas o canté; blancos los nudillos
apreté el asidero de mi cama hasta casi romperlo:
demasiado orgulloso aún para soltar aullidos de loco
y traer a la enfermera corriendo por los pasillos
con una aguja de morfina…
                                                 Señora Morfina—
su beso de escorpión y oscuros sueños giratorios—
desconfiando de ella me atrevía a desafiar
por dos minutos más de lo que parecía posible
al dolor, ese vago, incomparable elemento
más fuerte que el miedo o el pesar, más extraño que el amor.

Robert Graves (inglés; 1895-1985). En: Cien poemas. Traducción de Claribel Alegría y Darwin J. Flakoll. Lumen, Barcelona, 1981.

Autodefensa

       ~Elías Nandino

Un día,
la voz de la conciencia
me laceraba tanto
que, desesperado,
me coloqué
frente al espejo
y discutí…

(Salí absuelto
y los dos terminamos
llorando…)

Elías Nandino (mexicano; 1900-1993). En: Medio rostro de una vida. Poesía 1916-1948. Editorial Colomos, Guadalajara, México, 1981.

Topo y elefante

          ~Primo Levi

Viejo topo

¿Qué tiene de raro? No me gustaba el cielo,
De modo que escogí vivir a solas y en lo oscuro.
Mis manos fueron hechas para cavar,
Cóncavas, retorcidas, pero sensibles y correosas.
Ahora viajo, insomne,
Imperceptible bajo las praderas,
Donde no siento frío ni calor,
Ni viento lluvia día noche nieve,
Donde los ojos de nada me sirven.
Cavo y encuentro raíces suculentas,
Tubérculos, madera podrida, filamentos de musgo,
Y si una peña me cierra el camino
Le doy la vuelta, laborioso pero sin prisas,
Porque siempre estoy seguro de hacia dónde quiero ir.
Me encuentro gusanos, larvas, salamandras,
A veces una trufa,
Otras una víbora –buena comida–
Y tesoros enterrados quién sabe por quién.
En otros días fui detrás de topos hembras,
Y cuando oía a una rascando,
Cavaba mi ruta hacia ella.
No más. Si eso ocurre ahora, cambio de dirección.
Pero con luna nueva me estimulo.
Entonces, a veces me divierto:
Me salgo de pronto del hoyo a espantar perros.

 

El elefante

Excaven y encontrarán mis huesos,
Algo absurdo en este lugar lleno de nieve.
Estaba cansado de la marcha y las cargas;
Extrañaba el calor y la hierba.
Encontrarán monedas y armas púnicas
Sepultadas por avalanchas: absurdo, ¡absurdo!
Absurda mi historia y la de la Historia.
¿Qué eran Cartago y Roma para mí?
Ahora mi fino marfil, nuestro orgullo y alegría,
Noble, curvado como la luna creciente,
Yace roto en astillas entre las piedras del río.
No fue hecho para agujerear petos
Sino para extraer raíces y complacer hembras.
Sólo peleamos por nuestro apareamiento,
Sabiamente, sin derramar sangre.
¿Les gustaría oir mi historia? Es breve.
El indio mañoso me atrapó y me domó,
El egipcio me puso grilletes y me vendió,
El fenicio me cubrió con armadura
Y puso una torre en mi espalda.
Fue absurdo que yo, una torre de carne,
Invulnerable, gentil y terrible,
Forzado aquí, entre estas montañas enemigas,
Me resbalara sobre este hielo suyo nunca visto por mí.
Cuando uno de nosotros cae, no hay salvación.
Durante mucho tiempo un hombre torvo y ciego
Trató de hallarme el corazón con la punta de su lanza.
He lanzado mi inútil bramido moribundo
En estas cimas,
Lívido al ocaso: “Absurdo, absurdo”.

 

Primo Levi (italiano; 1919-1987). En: Collected Poems. Translated by Ruth Feldman and Brian Swann. Faber and Faber. Londres, 1988. (Versiones al español, LMA). [Notas. Viejo topo.  Cf. Hamlet,  Acto I, escena 5: “viejo topo”. El elefante.  El “hombre torvo y ciego” es Aníbal quien, según la tradición, contrajo una enfermedad en los ojos mientras cruzaba los Alpes.]