12 julio, 2017

El informe

       ~Jules Renard

—Dispense, amigo, ¿cuánto tiempo se necesita para ir de Corbigny a Saint-Révérien?
       El picapedrero levanta la cabeza y, apoyándose sobre su maza, me observa a través de la rejilla de sus gafas, sin contestar.
       Repito la pregunta. No responde.
       “Es un sordomudo”, pienso yo, y prosigo mi camino.
       Apenas he andado un centenar de pasos cuando oigo la voz del picapedrero. Me llama y agita su maza. Vuelvo y me dice:
       —Necesitará usted dos horas.
       —¿Por qué no me lo dijo usted antes?
       —Caballero —me explica el picapedrero—, me pregunta usted cuánto tiempo se necesita para ir de Corbugny a Saint-Révérien. Tiene usted una mala manera de preguntar. Se necesita lo que se necesita. Eso depende del paso. ¿Conozco yo su paso? Por eso lo dejé marchar. Lo he visto andar un rato. Después he calculado, y ahora lo sé y puedo contestarle: necesitará usted dos horas.

 

Jules Renard (francés; 1864-1910). En: Edmundo Valadés, El libro de la imaginación. FCE, México, 1976. 20ª. reimpresión, 2015.

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       ~Josú Landa

Una muñeca por unas monedas.
       La mano de la indígena suelta lo que es suyo para recibir lo que es mío.
       Queda una luz un poco turbia entre los dos.

 

Josu Landa (venezolano, 1953; reside en México). En: Extinciones. Ediciones El otro el mismo, Mérida, Venezuela, 2011.

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10 julio, 2017

Los mares de mi padre

       ~Joaquín Vásquez Aguilar

por todos los mares ha andado mi padre
por los de la sangre de su próstata muerta

por el de las doscientas gruesas de bagre cuando
pescaba con mi tío Ventura allá en Garcilla, en el estero
de la Joya, hará unos treinta años

por el de la Ciudad de México, a la que no quería
ir porque decía que iba a morirse de frío, de ruido,
de aplastado

por el de sus inevitables borracheras antes de que lo
operaran (¿qué pescador no se ha emborrachado nunca bajo
los mangos y las palmeras, entre mortuales y casorios?)

por el gran mar de mi abuelo
rodeado de espantos y respeto,
fundador de Cabeza de Toro y de nosotros

por el de mi madre
costilla para siempre de su cama
de su quehacer
de su vejez

por el del pueblo,
del que conoce muy bien sus juntas ejidales
sus difuntos
su condición de pequeño juguete de la política

por el de sus compadres innumerables

y también por los mares del canto de Jack London
en los que gusta internarse por las tardes
acostado en su hamaca

 

Joaquín Vásquez Aguilar (mexicano; 1947). En: Tiempo vegetal. Poetas y narradores de la Frontera Sur. Prólogo y selección de María José Rodilla. Instituto Chiapaneco de Cultura, México, 1993.

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