17 julio, 2017

Linaje

       ~Daisy Zamora

Pregunto por las mujeres de mi casa.

Desde niña supe la historia del bisabuelo:
Científico, matemático, liberal, político,
padre de prole numerosa y distinguida.

¿Y Doña Isolina Reyes, casada con él desde
los quince años hasta su muerte, cuál fue su historia?

Mi abuelo materno se graduó Cum Laude
en la Universidad de Filadelfia
y aún se conserva su tesis, fechada en 1900.
Dirigió la construcción de kilómetros de vía férrea,
y sólo la muerte repentina truncó su sueño
de extender el ferrocarril hasta la Costa Atlántica.
Nueve hijos e hijas lo lloraron.

¿Y su esposa Rudecinda, que parió esos hijos,
los cuidó y amamantó, qué sé de ella?

Pregunto por las mujeres de mi casa.

Mi otro abuelo era un patriarca
cuya sombra amparaba a la familia entera
(incluidos cuñados, primos, parientes lejanos, amigos,
conocidos, y hasta enemigos).
Empeñó su vida en ampliar un patrimonio
que todos dilapidaron después de su muerte.

¿Y a mi abuela, Ilse, ya viuda y despojada
que le quedó, sino morirse?

Pregunto por mí, por ellas, por las mujeres de mi casa.

 

Daisy Zamora (nicaragüense, 1950). En: La poesía del siglo XX en Nicaragua. Antología. Edición de Daniel Rodríguez Moya. Visor, Madrid, 2010.

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       ~Jaan Kaplinski

No me canso de mirar los árboles desnudos. Álamos,
abedules, tilos —todos aquellos que veo
desde mi ventana—. No puedo comprender qué los hace
extraños y a un tiempo mortalmente hermosos. Debería
hacer algo con ellos, me gustaría dibujarlos,
describirlos, pero no tengo la capacidad para hacerlo.
Ni siquiera puedo describir lo que siento
sentado aquí frente a la ventana mirando las ramas oscilantes
en la oscuridad que crece, algunas cornejas solitarias
en el viejo fresno, el abedul que se levanta entre la pila de los leños.
Escribo sobre ellos simplemente, intento nombrarlos:
Populus, Tilia, Betula, Ulmus, Fraxinus,
como otros nombran a sus santos o leen mantras.
Y siento cierto alivio. Quizá veo, incluso,
que estos vástagos y ramas,
este borrascoso diseño cotidiano bosquejado en negro y gris
encierra algo todavía. Como la palma de la mano.
Carácter. Destino. Futuro. Carácter del álamo.
Destino del tilo. Personalidad del abedul. Es difícil
decirlo con palabras. Probablemente no lo sea menos
sin palabras. Los mundos
de los árboles y de los hombres son muy dispares.
Sin embargo,
hay algo casi humano, casi inteligible
en esta red de ramas. Casi una escritura, un
lenguaje que yo ignoro aunque sé
que el texto escrito en él me resulta familiar,
no puede ser muy distinto de lo que leemos
en un libro, en una palma o en un rostro.

 

Jaan Kaplinski (estonio; 1941). En: Los poemas de la poesía. Carlos López, compilador. Editorial Praxis, México, 2012.

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13 julio, 2017

Yoga

       ~Darwin Sánchez

Porque estoy todo el día en la catrera
panza arriba mirando el cielorraso
y le meto a los mates y a los fasos
balconeando la vida a mi manera.

Porque no me caliento dendeveras
aunque el mundo se rompa a castañazos
y semanas enteras me las paso
meditando debajo de la higuera.

Me gritás como chiva descarriada:
que por vago que soy estás cansada
de andar cinchando al cuete de la soga,

sin manyar el enorme sacrificio
que hago yo pa’ seguir el noble oficio
de los grandes filósofos del yoga.

 

En: Breviario de poesía lunfarda. Selección y prólogo de Eduardo Romo. Ediciones Andrómeda, Buenos Aires, 1991.

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