La luna mientras duermes…

       ~José Somoza

       La luna mientras duermes te acompaña,
tiende su luz por tu cabello y frente,
va del semblante al cuello, y lentamente
cumbres y valles de tu seno baña.
       Yo, Lesbia, que al umbral de tu cabaña
hoy velo, lloro y ruego inútilmente,
el curso de la luna refulgente
dichoso he de seguir, o amor me engaña.
       He de entrar cual la luna en tu aposento,
cual ella al lienzo en que tu faz reposa,
y cual ella a tus labios acercarme;
       cual ella respirar tu dulce aliento,
y cual el disco de la casta diosa,
puro, trémulo, mudo retirarme.

 

José Somoza (español; 1781-1852). En: Guillermo Carnero, Antología de la poesía prerromántica española. Barral Editores, Barcelona, 1970.

Canto de amor

       ~Anónimo

               (La muchacha habla)
…Mi Dios. Muy dulce es irme al estanque a bañarme ante ti, mostrándote mi belleza, en una camisa del más fino lienzo mojada de agua. Bajaré contigo al agua y volveré a subir con un pez rojo, tan lindo, entre mis dedos. Ven y mírame.
               (El muchacho habla)
       El amor de mi hermana (1) está del otro lado; el río nos separa y en el banco de arena acecha un cocodrilo. Pero cuando bajo al agua, floto sobre la corriente; mi corazón es valeroso entre las ondas y el agua es como si fuese para mis pies. Su amor es el que me da fortaleza y él conjura a los cocodrilos.
       Veo venir a mi hermana, y mi corazón se llena de júbilo. Mis brazos están abiertos para abrazarla y mi corazón se regocija en su sitio cuando mi dueña viene a mí.
       La abrazo, y sus brazos están abiertos y es como si percibiese el aroma de un ungüento de Punt (2).
       Cuando la beso en sus labios abiertos, estoy gozoso, aunque no tenga cerveza. Le digo a mi criado: pon los más finos lienzos para sus miembros, no hagas la cama con lienzo del llamado real y no vayas a emplear lienzo blanco. Adorna su cama y perfúmala con óleo de Tischepe.
       Quién fuera la negra que la acompaña, para ver el color de todos sus miembros.
       Quién fuera el lavandero, para lavar los ungüentos perfumados de sus vestidos.
      Quién fuera la sortija de su dedo.
               (La muchacha habla)
       Si deseas acariciar mi muslo, mi pecho, te […] ¿Quieres irte porque te acuerdas de la comida? ¿Andas de glotón? ¿Te quieres ir para vestirte? Yo tengo una túnica. ¿Quieres irte porque estás sediento? Toma mi pecho; para ti corre lo que contiene. Hermoso es el dia que […]
       Tu amor ha penetrado en mi cuerpo como […] que se mezcla con agua, como la manzana del amor cuando se la mezcla […] y como la pasta cuando se mezcla con […]
       Corre a ver a tu hermana, veloz como un caballo.
               (El muchacho habla)
       La hermana es un campo de flores de loto, y su pecho un campo de manzanas de amor. Su frente es como un lazo para pájaros, hecho de madera de meru, y yo soy el ganso atraído por el gusano.
               (La muchacha habla)
       ¿No se compadece mi corazón de tu amor por mí? Yo no dejaré tu amor, aunque me peguen hasta Palestina con palos y porras, hasta Etiopía con varas de palmera, hasta la colina con bastones y hasta la tierra de labor con zurriagos. No oiré sus consejos ni dejaré de amarte.
               (El muchacho habla)
       Voy río abajo, con mi manojo de juncos sobre el hombro. Voy a Menfis y le diré a Ptah, señor de la verdad: “Dame esta noche a mi hermana”. El río se ha convertido en vino, Ptah es un junco, Sechmet una flor de loto, Earit su brote y Nefertem su flor (3). El día alumbra su belleza; Menfis es una fuente de manzanas de amor, colocada ante Ptah, el del hermoso rostro.
       Me meteré en mi casa y me pondré enfermo. Entrarán mis vecinos a verme. Y si mi hermana viene con ellos, expulsará a los médicos, pues conoce mi enfermedad.
       La cerradura de la hermana, su puerta, está en medio de la casa y las hojas están abiertas; la hermana sale colérica a pelearse. Quién fuera su portero para oír su voz colérica como un niño que tiembla de miedo.
               (La muchacha habla)
       Voy por la corriente del soberano y entro en la de Re con mi barca. Quiero ir allí donde se plantan las tiendas, en la desembocadura del Mertiu. Allí pienso correr velozmente; no voy a callarme cuando mi corazón piense en Re. Así voy a ver cuando llegue mi hermano.
       Cuando esté contigo, en la desmbocadura del Mertiu, llevarás mi corazón camino de Heliópolis, en busca de Re. Voy a retirarme contigo a los árboles del jardín. Colgaré en los árboles mi mosquitero. Veré lo que haces cuando contemples mi rostro. Mis brazos están llenos de ramas de persea y mi caballo de ungüento perfumado. Cuando estoy en tus brazos, soy como una princesa del señor de ambos países.

 

(1)Los enamorados se llaman entre sí hermana y hermano. (2) Punt es una región legendaria de abundancia y bienestar. (3) Ptah es el dios de Menfis; Sechmet, la diosa de la guerra, es la amante de Ptah; Nefertem, de figura de flor, es hija de ambos.

Anónimo (hacia 1300, a. C.) Levemente editado para este blog. En: Cantos y cuentos del antiguo Egipto. Prólogo (1955) de Ramón J. Sender. Notas sobre el alma egipcia por José Ortega y Gasset (la primera edición debió ser la de Revista de Occidente, 1925; la referencia no aparece aquí): Costa-Amic Editores, México, 1981.

¿Qué mayor desaventura…

       ~Vizconde de Altamira

¿Qué mayor desaventura
pudo ser
que veros para n’os ver?

Miraros y mi partida
m’han dado tanta passión,
que de ver biva la vida
se lastima el coraçón.
¿Pues para qué’s la ventura
qu’el plazer
ya no tiene qué perder?

Que si mirand’os penava,
más peno agora en no veros,
porqu’en veros contemplava
la gloria qu’era quereros.
¿Pues qué’spera la ventura
más de ver
nuevas causas de perder?

Quiero sofrir mi tormento,
mi dolor quiero querello,
que mudar ya el pensamiento
no puede muerte hazello.
¿Pues qué más quiere tristura
de saber
que no es en muerte el poder?

                Fin
La muerte, pues se dessea,
vuestra merced me la dé,
porque muriendo se vea
cómo no muere la fe;
y será la sepoltura
el padescer
d’haveros visto y n’os ver.

 

Vizconde de Altamira (1458-1508).  En: Poesía de cancionero. Edición de Álvaro Alonso. Ediciones Cátedra, Madrid, 1986.