4 octubre, 2017

En la partida de Zaragoza

       ~Selomó Ibn Gabirol
       (Traducción libre de Jorge Guillén)

Mi garganta está seca de tanto grito y grito,
La lengua al paladar, ay, se me adhiere.
Mi corazón vacila de tanto sufrimiento.
Tan honda es mi tristeza que no deja
Dormir cerrados ojos.

¿Cuánto tiempo me toca esperar? ¿Cuánto
Tiempo tendrán mis cóleras fogosas abrasándome?
¿A quién podría hablar y quejarme? ¿A quién
Puedo contar mis penas?

Si al menos hubiera alguien que me alentara,
Alguien que de mí se apiadase, mi mano derecha
En su mano. Yo le confiaría mi corazón
Y le haría saber de mis infortunios. Desahogándome
Aliviaría mi crisis.

Oh tú que bien me quieres, acércate
Y siente mi tumulto, semejante al del mar.
Tu corazón no sea adamantino,
Tiene que enternecerle mi desgracia.

¿Creerás que no vivo cuando sepas
De mis calamidades?

Gran fastidio vivir entre paletos:
No distinguen su derecha y su izquierda.
Enterrado ya estoy, pero no en cementerio.
Mi cara es mi ataúd. Me sobra mi dolor.
Yo no tengo ya padres.
Joven, abandonado y oprimido.
Solo estoy sin hermanos. Mis amigos
Son ya mis pensamientos. Mezcla lágrimas, sangre,
Lágrimas y vino. Y tal sed tengo
De amistad que se cree saciada sin estarlo,
Como si el cielo y su Señor se hallasen
Entre mi ansia y yo.

A mí me consideran extranjero e ignoto.
Yo vivo entre crueles avestruces,
Entre aviesos y necios. Se figuran
Que del saber es sede su propio corazón.
Hay quien nos da a beber veneno de áspid.

El servil me acaricia la cabeza.
En su interior me tiende trampa y con voz segura
Dice: “Como queráis, señor”. Los padres
De esa gente no me servirían ni de perros
De mis rebaños.

Nunca se ruborizan, a no ser
Que se pinten la cara. A sus ojos
Son gigantes. A los míos, langostas.
Si yo publico mis adagios me atacan y me increpan
Como si fuese griego.
“Escribe claro, que se entienda”. Ahora
Los pisoteo, fango. A sus cuellos
No les va bien mi media luna de oro.
Si los tontos abriesen las bocas a las lluvias
De mis nubes, a canela olerían.

Ay de mí, ay de mi sabiduría.
Yo vivo entre esas gentes. Para ellos
El conocer a Dios es brujería.
Y yo me alegraría hasta la muerte
Si yo hallase refugio en ti, la Roca.
Harto estoy de vivir. Hasta odio mi casa
De carne. Toda alegría es dolor.
Mi último dolor será alegría.
Me esfuerzo en comprender y yo sabré
Cuando mi carne muera, se consuma,
Que el fin de la aflicción será consuelo,
Y mi fuerza será fruto de flaqueza.
Pero mientras yo exista,
Cavilaré, buscaré. Mi ascendiente
Salomón me lo manda. Quizá Quien
Descubre misterios revelará mi única
Fortuna, premio, sí, de mis trabajos.

 

Selomó Ibn Gabirol (hebreo-español; ¿1022-1053?). En: Jorge Guillén, Final. Edición, introducción y notas de Antonio Piedra. Editorial Castalia, Madrid, 1987.

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       ~Anónimo

amor cruel, solicito, ciego, aligero, oculto, malo, loco, flagrante, apacible, yncestuoso, alado, herbiente, lascibo, tierno, agradescido, blando, suabe, hermoso, volador, enalxabado, compañero, aconpañado, timido, misero, ligero, blando, yngenioso, Poeta, velador, desnudo, abierto, paciente, fiero, volatil, aureo, purpureo, ambicioso, acechador, rebelde, femineo, advenedizo, saetero, fugitivo, luxurioso, dañador, codicioso, mochacho, furtibo, que fuehecho a hurtas, ympotente, yniquo, jocundo, engañador, manso, desdichado, torpe, enplumado, vil, sinconsejo, vago, pestifero, armado, astuto, no perezoso, quemador, facundo, deleitoso, hermoso, alagador, eliseo /por los queestan en los campos Eliseos quees el paraiso que fingieron los poetas para las animas de los bien auenturados, yndomitos, ferreo, amigo depaz, perfido, bello, no bello, cantor, triste, obscuro, flan co, sincero, manso, ynepto, prterbo, que resucita, candido, diligente, archeno / por cosaescelente, pacifico, mandador, yncitador, ydaleo, concorde, feruiente, ygnifero, ardiente, desvergoncado, estrecho, arebatado, amargo, gnidio / por que asumadre venus la beneraban en enla ynsula gnidas de dondeella se dice gnidia, amarillo, mouible, celoso, feroz, tiernecito, tardio, malicioso, mal consejero, venenoso, stolido / o necio, ynfame, dulce, mariero, sutrebticio / o serpentino, secreto, furioso, mancebo, enmelado, pafio / porquenla ynsula paz lededicabanael y asu madre, ambicioso, gracioso, luxurioso, ambrosio, cetrero, violento, quexoso, niñero, sucio, limpio, pleitista, ynchado, ympaciente, impio, vovo, seco, sin sauor, escondido, velador, sieruo, engendrador, facil, cauto, beemente, flameo, mudo, sinluz / o ciego, triunphador, llagador, enfermo, clandestino, dioneo / que dice nieto de dione madre de venus hija de oceano y de tetis y asi la mesma venus se llama dionea.

***

muerte según los poetas es hija deherbo (erebo: averno) y dela noche como queentrando enlas tinieblas hiere deyimprouiso con vn golpe.
Frigida, rígida, acerba, negra, cruel, seba, cierta, violenta, stigia, dura, sin alma, cruenta, luchadora, desfrenada, vengador, yndomita, siniestra, turbia, misera, profana, amarilla, elada, liuiana, famosa, sin madurez, torpe, no pensada, allegada, ynoportuna, aspera, cruda, comun, subita, triste, no cumplida, fiera, amarga, no mansa, robadora, fecunda, danosa, ynbidiosa, maldita, miserable, igual, abominada, ynfernal, mala, sin probecho, cubierta con tinieblas, sorda, codiciosa, properante / o presurosa, sanguinolenta, gemebunda / o llorosa, ynforme, yntenpestiba, ynipra, terrible, fiera, yniqua, funesta, feroz, ligera, seuera, amenacadora, arebatada, atroz, espantadora, cortadora del hilo de la vida, o culta, terrifica, abara, ynsperata, sauida, fria, ferrea, armada,
Presente,

 

Anónimo (principios del siglo XVI). En: Cancionero de Garci Sánchez de Badajoz. Edición preparada por Julia Castillo. Editora Nacional, Madrid, 1980.

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       ~Enrique Jardiel Poncela

De todas las estatuas que adornan el paseo,
ésta es la más absurda, la más inexplicable.
¿Qué cosa hubo en don Fruela gloriosa y admirable?
Yo, puesto a analizar, no le encuentro ni feo.

Lo mismo por la espalda que de frente no veo
en él nada saliente, a excepción de su sable,
pero vivir de un sable es siempre despreciable
tanto en el siglo XX como en el medioevo.

¿Por qué, entonces, te hicieron esta estatua don Fruela?
¿Por qué existió un artífica que se dio ese mal rato?
¿Por qué el gobierno hispano se gastó en ti la tela?

Hubo otros ciudadanos más dignos de ese trato.
Por ejemplo: el primero que comió mortadela
e inició luego al hombre en el bicarbonato.

 

Enrique Jardiel Poncela (español; 1901-1952). En: Poesía completa. Edición de Enrique Gallud Jardiel. Hiperión, Madrid, 2013.

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