El adagio de Aristodemo

       ~Píndaro

Trasíbulo: antaño,
con la gloriosa lira
firme en las manos
subían los poetas al carro de las Musas
para lanzar los dardos
de fina melodía
en elogio de un rostro de juvenil encanto
dominio y trono de Afrodita.

No era Apolo tacaño,
ni las Gracias alquilaban caricias,
ni el coro, dulce como la miel, de Terpsícore
iba con las mejillas
marcadas por cuño de moneda.
No había sentenciado el argivo
(al ver cómo le huían tomados de las manos
junto con su fortuna los amigos)
que “El dinero es el hombre”, nuevo adagio
ciertísimo por cierto,
pero amargo.

 

Píndaro (griego; siglo V, a. C.). En: El soldado desconocido y otros poemas. Selección, introducción y bibliografía de Miguel Ángel Flores. FCE, 1989.

Graciana bailando (fragmento)

       ~Richard Lovelace

Golpeaba el enlosado venturoso,
hecho con tal estrella firmamento,
que ya no envidiará al soberbio techo.
Mas, nuevo Atlante, el más luciente cielo
arrastra tras de sí, saltando en alto
y llevando consigo a sus deidades.

Con cada paso un pensamiento amante
hollaba, encadenando con tal arte,
con fuerza tan gentil, tan dulce imperio
a sus gallardos pies las esperanzas
ambiciosas de amor, que, suspirando,
vimos el suelo, al terminar el baile,
de rotos corazones alfombrado.

 

Richard Lovelace (inglés;1618-1658). En: Poetas ingleses metafísicos del S. XVII. Selección, versión y prólogo de Blanca y Maurice Molho. Barral Editores, Barcelona, 1970.

Homenaje a Juan Rulfo en sus palabras

      ~José Emilio Pacheco

¿Qué tierra es ésta?
              Homenaje a Juan Rulfo en sus palabras

       Hemos venido caminando
       desde el amanecer.

Ladran los perros.

Grietas, arroyos secos.
       Ni una sombra de árbol,
       ni una semilla de árbol
       ni una raíz de nada.

Los cerros apagados y como muertos.

       Aquí así son las cosas.
       Por eso a nadie
       Le da por platicar.

       Aquí no llueve.
       A la gota caída
       por equivocación
       se la come la tierra
       y la desaparece en su sed.

¿Quién haría este llano tan grande?
¿Para qué sirve este llano tan grande?

       No hay conejos,
       no hay pájaros,
       no hay nada.

Tanta y tamaña tierra para nada.

       Unos cuantos huizaches,
       una que otra manchita de zacate
       con hojas enroscadas.

Nos dieron esta costra de tepetate
para que la sembráramos.

       Pero no hay agua
       Ni siquiera para hacer buches
       tenemos agua.

Tierra como cantera que rechaza el arado.
Un blanco terregal endurecido
en que nada se mueve.

       Esta es la tierra que nos dieron,
       sombra recalentada por el sol.

No es tiempo de hojas.
Tiempo seco y roñoso de espinas.
Polvo seco
como tamo de maíz que sube muy alto.

       Seguimos buscando por todas partes
       entre el rastrojo.
       Muchas lamentaciones revueltas
       con esperanzas.

Caminamos en medio de la noche
con los ojos aturdidos de sueño
y la idea ida.

       El viento lleva y trae
       la tierra seca.

En la hora desteñida,
cuando todo parece chamuscado,
no aparecen las aguas.
Nuestra milpa
comienza a marchitarse.

       Llueve muy poco.
       Le crecieron espinas
       a nuestra tierra.

Somos como terrones endurecidos.
Somos la viva imagen del desconsuelo.

       ¿Qué tierra es ésta?
       ¿En dónde estamos?

Todos se van de aquí.
Nomás se quedan
los puros viejos,
las mujeres solas.

       Aquí vivimos.
       Aquí dejamos nuestras vidas.
       Un lugar moribundo.

Ya no se escucha
sino el silencio de las soledades.
Y eso acaba con uno.

       Aquí no hay agua.
       Aquí no hay más que piedras.
       Aquí los muertos
       pesan más que los vivos.
       Lo aplastan a uno.

Allá lejos los cerros
están en sombras.

       Tiempo de la canícula
       cuando el aire de agosto
       sopla caliente.

Digan si oyen alguna señal de algo
o si ven luz en alguna parte.
Si hay olor de paz y de alfalfa
como olor de miel derramada.
Digan si ven la tierra que merecemos.

       Digan si hay aire y nubes.
       Si hay esperanza.
       Si contra nuestras penas
       hay esperanza.

Digan si es necesario lavar las cosas,
ponerlo todo nuevo de nueva cuenta,
como campo recién llovido.

       Digan si oyen alguna señal de algo
       o si ven luz en alguna parte.

Digan si ven la tierra que merecemos.

       Digan si contra nuestras penas
       hay esperanza.

 

José Emilio Pacheco (mexicano; 1939-2014). En: Tarde o temprano [Poemas 1958-2000]. FCE, México, 2000.