Besábale y enamorábale

       ~Sebastián de Horozco

       Besábale y enamorábale
la doncella al villanchón;*
besábale y enamorábale,
y él metido en su rincón.
       La doncella enamorada
de un villano tan grosero,
hablábale muy de vero
como amadora penada:
a él no se le da nada
ni le escucha su razón:
besábale y enamorábale
la doncella al villanchón.
       Namórale la doncella
haciéndole mil favores,
mil halagos y primores,
y el grosero huye de ella;
diz** que más quiere qu’a ella
llevar lleno su zurrón:
besábale y enmorábale
la doncella al villanchón;
besábale y enmorábale,
y él metido en su rincón.

 

Sebastián de Horozco (1510-1579). En: Dámaso Alonso, Cancionero y romancero español. Editorial Salvat, Navarra, 1970.


*villanazo, villanota.
**diz: dice.

Alegoría pausada

       ~Francisco Luis Bernárdez

       Este poema tiene un día dormido entre los brazos.
Este día se vuelve poniente al Oeste del pecho.
Este poniente siente una calle pasar por sus venas.
Esta calle sube al cielo frente a una casa.
Esta casa abre las alas cuando yo llamo.
Estas alas amparan el sueño de almendra de Jacqueline.
Jacqueline es el retrato de una chica de once años.
Esta chica me acerca diez horizontes con los dedos.
Estos horizontes tienen una luna sentada en las rodillas.
Esta luna nació en una ventana mía, que ya no canta.
Esta ventana recobra su cielo y yo regreso por los ojos.
Estos ojos han visto a una muchacha que sonríe.
Esta muchacha reclina la voz en un pájaro que pasa.
Esta voz es el eco de los pasos del atardecer.
Este eco descansa mis caminos y enjuga mis estrellas.
Estas estrellas, que son hijas de tu noche y de mi frente.
Esta frente, donde un rey de fuego gobierna un país de nieve.

 

Francisco Luis Bernárdez (argentino; 1900-1978). En: Laurel. Antología de la poesía moderna en lengua española. Prólogo de Xavier Villaurrutia. Epílogo de Octavio Paz. 1ª edición, 1941; 2ª edición, Trillas México, 1986.

Realeza

       ~Arthur Rimbaud

Una bella mañana, en la tierra de un pueblo muy gentil, un hombre y una mujer soberbios gritaron en la plaza pública. “¡Amigos míos, quiero que ella sea reina!” “¡Quiero ser reina!” Ella se reía y temblaba. Él les hablaba a los amigos de la revelación, de la adversidad superada. Desfallecían uno contra la otra. 
En efecto, fueron reyes toda una mañana en la que los tapices carmíneos se elevaron sobre las casas, y toda la tarde, en la que avanzaron hacia los jardines de las palmeras.

 

Arthur Rimbaud (1854-1891). En: Tedi López Mills, Mi caso Rimbaud. Seguido de las Iluminaciones. Bonobos Editores, México, 2016. [Reproducimos la versión del compositor inglés Benjamin Britten a las Iluminaciones de Rimbaud. “Realeza” está a partir del minuto 8]