Elogio del silencio (fragmento)

       ~Pedro Calderón de la Barca

       Es el silencio un reservado archivo,
donde la discreción tiene su asiento;
moderación del ánimo, que altivo
se arrastrara sin él del pensamiento;
mañoso ardid del menos discursivo,
y del más discursivo entendimiento:
pues a nadie pesó de haber callado,
y a muchos les pesó de haber hablado.
       Es contra el más colérico enemigo
el más templado freno de la ira,
de la pasión el más legal testigo,
pues dice más que el que habla el que suspira;
de la verdad tan familiar amigo,
que a la simulación de la mentira
se destiñe la tez, pues cuanto, errante,
mintió la lengua, desmintió el semblante.
       Es quietud del espíritu divina,
a quien el mundo contrastar no pudo;
de la modestia imagen peregrina,
que una mano da al labio, otra al escudo.
De cuanto sacrificios vio la indigna
adoración el pez, animal mudo,
prohibido fue que a luz de sacrificio,
aún no estragó a esta virtud el vicio.
       Y si de hablar y de callar le dieron
tiempo al que más la perfección codicia,
fue porque al corazón árbitro hicieron
de su sinceridad o su malicia.
No porque del silencio no creyeron
ser el culto mayor de la justicia,
pues si a Dios en sus obras reverencio,
el idioma de Dios es el silencio.
       Dígalo el cielo en el primero día
que el poder del Criador manifestaba,
pues en el cielo gran silencio había,
mientras Miguel con el dragón lidiaba.
La tierra, pues, la noche helada y fría
que humano la adoró, en silencio estaba,
y ya por árbitro fue de paz y guerra:
lo que la amaron digan cielo y tierra.
       La escuela de Pitágoras cinco años
solamente lición de callar daba;
la Tebaida, en sus cuerdos desengaños
a callar solamente se juntaba;
pues si a propios filósofos y a extraños
retórico el silencio adoctrinaba,
¿qué Gimnasio se orló de más laureles
que el que cursaron fieles y no fieles?

 

Pedro Calderón de la Barca (1600-1681). En: Poesía de la edad de oro. II. Barroco. Edición de José Manuel Blecua. Editorial Castalia, Madrid, 1985.

En el reino del sol

       ~George Macbeth

Del cuerpo
Diosa, sé
misericordiosa. En el rojo

vivo del amor
apiádate de mí. Cree

en el mensaje
de llantos calcinantes

en la noche, en el horno
del deseo. Nunca

como antaño, nuevamente esperes
la sonrisa de piedra

nacida en las cenizas. Aquí,
en todo Egipto

el fuego es sacerdote
de llamarada única.

No hay salida. Solamente
hay entrada. Al centro del morir

a las cámaras del capricho
estoy atado. Te ruego

que suavemente me recibas.
Acuéstame en lechos sedosos

adentro de la llama.
Entre tus estatuas

por siempre derretidas,
por la sal carcomidas

hacia la vida,
bésame.

 

George Macbeth (escocés; 1932-1992). Versión de Ramón Xirau. En: El surco y la brasa. Traductores mexicanos. Selección y prólogo de Marco Antonio Montes de Oca, FCE, México, 1974.

Elecciones en Iztapalapa

       ~Xhevdet Bajraj

Cuando en Iztapalapa
se discutió sobre el peligro de los perros callejeros
el candidato para jefe delegacional tomó la palabra y dijo:
prometo que si votan por mí
haré todo lo posible para que los perros sean esterilizados

Un anciano irritado empezó a gritar
Pero señor
nosotros no tenemos miedo de que nos cojan
sino de que nos muerdan

 

Xhevdet Bajraj (Kosovo, 1960, de origen albanés; en 2005 adoptó la nacionalidad mexicana). En: Líneas de fuga. Revista literaria de la Casa Refugio Citlaltépetl. Número 36, marzo 2016.