A una dama de negro cabello que se peinaba en una azotea con un peine de marfil

       ~Francesc Vicent García

       Con un peine de marfil atildaba
sus finísimos cabellos de azabache,
a los que los de oro más fino tienen envidia,
en una azotea la bella Flora un día.
       Entre ellos, se descubría la pura nieve
del cuello, que con su contrario más campea;
y como la mano cual el marfil blanquea,
peine y mano una sola pieza parecían.
       Apartado, tan atónito yo contemplaba
el dulce combate que con extremada gracia
esos dos contrincantes mantenían,
       que el enamorado corazón se me alteraba,
y, temiendo alguna desgracia,
de tomarles una tregua ganas tenía.

 

Francesc Vicent García (catalán; c. 1582-1623). Traducción de José Batlló. En: Francisco Rico, Mil años de poesía española. Planeta, Barcelona, 1997.

La niña

       ~Mimy Kinet

Ella no juega con la muñeca.

Ella teje una bufanda para los árboles que tiemblan en invierno.
Extiende frases de hierba tierna donde colocar a las mariposas, esas flores que vuelan.
Separa con paciencia la cabellera de la niebla, le hace una raya.

Ella no juega con la muñeca.
Ella espera un niño
más grande que ella.

Un sol hincha su mirada.
El niño es más grande que ella.
Ella morirá, es seguro,
cuando nazca el silencio.

 

Mimy Kinet (belga; 1948). Nupcias y Urnas/Noces et Urnes. Catorce poetas de Bélgica. Selección y traducción de Eduardo Mitre. Ediciones El Tucán de Virginia, México, 1998.

Cuatro esquinas

       ~Anónimo

Cuatro esquinas tiene un catre,
cinco gajos la sandía,
cuatro pies tiene la cama
donde duermes, vida mía.

Por tus puertas voy pasando,
dulce dueña de mi vida,
si te despiertan mis cantos,
perdona, joven querida.

Una tarde estando triste
en la sombra de un vergel,
se me vino a la memoria
escribirte en un papel.

Y como estaba muy triste,
pensando quitar enojos,
todo el papel se ha borrado
con lágrimas de mis ojos.

Trigueña, aquí está tu amante,
mira a ver qué haces con él;
si tienes nuevos amores
los puedes aborrecer.

Ingrata, ¿no me decías
que primero habías de ver
las estrellas por el suelo
que dejarme de querer?

Entré a la huerta y corté
un buquet de bellas flores,
entre de ellas me encontré
la dueña de mis amores.

Bonitos son los jardines
con sus matizadas flores,
pero más bonita es
la dueña de mis amores.

Ya no subo yo al cerrito
con el gusto que subía;
pues se secó la rosita
que me daba la alegría.

 

Anónimo. En: Vicente T. Mendoza, El corrido mexicano. FCE, México, 1954; 1ª. Reimpresión, 1974.