~Julio Torri

Caminaba por la calle silenciosa del arrabal, llena de frescos presentimientos de campo. En un ambiente extraterrestre de madrugada polar, la cúpula de azulejos de Nuestra Señora del Olvido brillaba a la luna con serenidad extraña y misteriosa. No sé en qué pensaba, ni siquiera si pensaba. Las inquietudes se habían adormecido piadosamente en mi corazón.

       En los tiestos las flores parecían como alucinadas en el extrañísimo matiz de la Luna, y recibían las caricias del rocío, amante tímido y casto. Madrugada sin revuelos de pájaros blancos, sin alucinaciones, sin música de órgano.

       ¿Por qué no me evadí entonces de la Realidad? Hubiera sido tan fácil. Ningún sofisticado ojo me acechaba. Ninguna de las once mil leyes naturales se hubiera ofendido. Mr. David Hume dormía profundamente desde hacía cien años.

 

Julio Torri (mexicano; 1889-1970). En: Tres libros FCE, 1964.

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       ~Ramón Xirau

A Andrés Sánchez Robayna

Descansas en la luz, te dice el ángel
secretamente el sueño de tu sueño.
Eres la calma bella de los pocos años,
tan pocos. En esta cama suave
tienes los ojos cerrados, en el cojín
hacia la mar medio arco y leve,
roja roja la cama. Al lado el perro
grisáceo despierta, tan pequeño. Al fondo
góticas —¿ya renacentistas?—, las ventanas,
descansas en la luz nos dice Carpaccio.

(Nos cantan las leyendas, fe y buen creer:
es el siglo cuarto, Diocleciano quemaba libros,
Marco Aurelio meditaba vacío, mataba el Libro,
¿os conocía ya ursulinas y ya muertas,
muchachas de clara voz, venidas de Inglaterra?
Todo silencio, calma, once mil vírgenes
del Norte, ¿qué hacéis aquí en Venecia?)

Esta muchacha duerme, tranquila, mira adentro
hacia el sueño que nos habla —el ángel sabe
que el mar está lleno de puertos cuyo nombre es María.
¿Duermes o acaso estás muerta clara luz?
El sueño. ¿Sueñas tú a este ángel?
Sueña el sueño de tu sueño,
ah paz sencilla, muchacha, ahora que duermes.

 

Ramón Xirau (Barcelona, enero 20 de 1924 – Ciudad de México, julio 27 de 2017). Traducción de Rafael-José Díaz. En
Naturalezas Vivas / Natures Vives. Ediciones El Tucán de Virginia, México, 1997.


carpaccio

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       ~Miguel de Barrios

El primer hombre fui, que, por Dios hecho,
le semejé, de todo cifra hermosa;
y, con ingratitud al cielo odiosa,
el quererme hacer grande me ha deshecho.

       Dominé el mundo, a mi altivez estrecho,
y por comer la fruta venenosa,
de la muerte en la cárcel espantosa,
me viene grande el más pequeño trecho.

       Denominéme, de adamá (que ‘tierra’
denota), Adán (que es ‘hombre’), por tal modo
que he vuelto a mi materia inanimada.

       Lo que esta losa hasta mi nombre encierra,
cuando Adán fue pensaba que era todo
y, leído al contrario, ya soy nada.

 

Miguel de Barrios (español; 1630-1701. De ascendencia judía, vivió en Amsterdam con el nombre de Daniel Leví.) En: Francisco Rico, Mil años de poesía española. Planeta, Barcelona, 1997.

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