Chung Tzu y Román Castillo

Chung Tzu

Te lo ruego, Chung Tzu,
no entres en casa,
no rompas los sauces que plantamos.
No es que me importen los sauces,
pero temo a mi padre y a mi madre.
Chung Tzu, mi amor querido,
en verdad tengo miedo
de lo que digan mis padres.

Te lo ruego, Chung Tzu,
no saltes nuestro muro,
no arranques las moreras que plantamos.
No es que me importen las moreras,
pero tengo miedo a mis hermanos.
Chung Tzu, mi amor querido,
en verdad tengo miedo
de lo que digan mis hermanos.

Te lo ruego, Chung Tzu,
no escales mi jardín,
no quiebres el boj que plantamos.
No es que me importe el boj,
pero temo lo que diga la gente.
Chung Tzu, mi amor querido,
en verdad tengo miedo
de lo que diga la gente.

Anónimo, chino, antologado por Confucio en el siglo quinto A.C. (Traducción de Marcela de Juan.)

Román Castillo

¿Dónde vas, Román Castillo?
¿Dónde vas? Pobre de ti.
Ya no busques más querellas
por nuestras damas de aquí.
Ya está herido tu caballo,
ya está roto tu espadín.
Tus hazañas
son extrañas
y tu amor no tiene fin.

Antenoche me dijeron
que pasaste por aquí;
que llamaste siete veces,
que el cancel querías abrir;
que mis criados,
espantados,
por nada querían abrir;
y que entonces tu gritaste:
“¡Abran, o van a morir!”

Ten piedad, Román Castillo,
ten piedad, pobre de mi,
si persistes en tu vida
de dolor voy a morir.
Tú eres bueno, tú eres noble,
hombre de gran corazón,
pero que tu amor no manche
nunca mi reputación.

Anónimo. En: Óscar Chávez, Herencia lírica mexicana, I.