~Selomó Ibn Gabirol
       (Traducción libre de Jorge Guillén)

Mi garganta está seca de tanto grito y grito,
La lengua al paladar, ay, se me adhiere.
Mi corazón vacila de tanto sufrimiento.
Tan honda es mi tristeza que no deja
Dormir cerrados ojos.

¿Cuánto tiempo me toca esperar? ¿Cuánto
Tiempo tendrán mis cóleras fogosas abrasándome?
¿A quién podría hablar y quejarme? ¿A quién
Puedo contar mis penas?

Si al menos hubiera alguien que me alentara,
Alguien que de mí se apiadase, mi mano derecha
En su mano. Yo le confiaría mi corazón
Y le haría saber de mis infortunios. Desahogándome
Aliviaría mi crisis.

Oh tú que bien me quieres, acércate
Y siente mi tumulto, semejante al del mar.
Tu corazón no sea adamantino,
Tiene que enternecerle mi desgracia.

¿Creerás que no vivo cuando sepas
De mis calamidades?

Gran fastidio vivir entre paletos:
No distinguen su derecha y su izquierda.
Enterrado ya estoy, pero no en cementerio.
Mi cara es mi ataúd. Me sobra mi dolor.
Yo no tengo ya padres.
Joven, abandonado y oprimido.
Solo estoy sin hermanos. Mis amigos
Son ya mis pensamientos. Mezcla lágrimas, sangre,
Lágrimas y vino. Y tal sed tengo
De amistad que se cree saciada sin estarlo,
Como si el cielo y su Señor se hallasen
Entre mi ansia y yo.

A mí me consideran extranjero e ignoto.
Yo vivo entre crueles avestruces,
Entre aviesos y necios. Se figuran
Que del saber es sede su propio corazón.
Hay quien nos da a beber veneno de áspid.

El servil me acaricia la cabeza.
En su interior me tiende trampa y con voz segura
Dice: “Como queráis, señor”. Los padres
De esa gente no me servirían ni de perros
De mis rebaños.

Nunca se ruborizan, a no ser
Que se pinten la cara. A sus ojos
Son gigantes. A los míos, langostas.
Si yo publico mis adagios me atacan y me increpan
Como si fuese griego.
“Escribe claro, que se entienda”. Ahora
Los pisoteo, fango. A sus cuellos
No les va bien mi media luna de oro.
Si los tontos abriesen las bocas a las lluvias
De mis nubes, a canela olerían.

Ay de mí, ay de mi sabiduría.
Yo vivo entre esas gentes. Para ellos
El conocer a Dios es brujería.
Y yo me alegraría hasta la muerte
Si yo hallase refugio en ti, la Roca.
Harto estoy de vivir. Hasta odio mi casa
De carne. Toda alegría es dolor.
Mi último dolor será alegría.
Me esfuerzo en comprender y yo sabré
Cuando mi carne muera, se consuma,
Que el fin de la aflicción será consuelo,
Y mi fuerza será fruto de flaqueza.
Pero mientras yo exista,
Cavilaré, buscaré. Mi ascendiente
Salomón me lo manda. Quizá Quien
Descubre misterios revelará mi única
Fortuna, premio, sí, de mis trabajos.

 

Selomó Ibn Gabirol (hebreo-español; ¿1022-1053?). En: Jorge Guillén, Final. Edición, introducción y notas de Antonio Piedra. Editorial Castalia, Madrid, 1987.