~Enrique Jardiel Poncela

De todas las estatuas que adornan el paseo,
ésta es la más absurda, la más inexplicable.
¿Qué cosa hubo en don Fruela gloriosa y admirable?
Yo, puesto a analizar, no le encuentro ni feo.

Lo mismo por la espalda que de frente no veo
en él nada saliente, a excepción de su sable,
pero vivir de un sable es siempre despreciable
tanto en el siglo XX como en el medioevo.

¿Por qué, entonces, te hicieron esta estatua don Fruela?
¿Por qué existió un artífica que se dio ese mal rato?
¿Por qué el gobierno hispano se gastó en ti la tela?

Hubo otros ciudadanos más dignos de ese trato.
Por ejemplo: el primero que comió mortadela
e inició luego al hombre en el bicarbonato.

 

Enrique Jardiel Poncela (español; 1901-1952). En: Poesía completa. Edición de Enrique Gallud Jardiel. Hiperión, Madrid, 2013.