~Abu Utman ibn Luyun

              0
¿Cómo, di han de estar los pechos,
si el Destino de ellos hace
hitos de todos los dardos
que a esos ojos lanzar place?

              1
¿Qué resignación ni alivio
me caben, ni qué paciencia?
A cierva de dulce brama
quiero, que hasta al sol desprecia.
Por ella mi juicio pierdo;
y hasta pierdo la vergüenza,
y médico no hay que cure
mi mal, sino que se ablande
quien me consume en amores
ahora y siempre, luego y antes.

              2
Tiene esta dulce gacela
dos jardines en su cara,
y en su talle floreciente
brillan redondas granadas.
Jazminero es su mejilla
protegido por dos lanzas.
Cuánto león que en la selva
reinó fiero y sin rivales,
a sus pies, de amor herido,
vino muriendo a humillarse.

              3
De este amor no has de moverme:
deja,censor, tus censuras.
Me trastornó quien no tiene
más joyas que su hermosura.
Es su encanto mi confite,
y sus labios mi agua pura.
Ay mejilla, en que lo rojo
con lo blanco se debate,
y que de sólo mirarla,
sin morderla, ya echa sangre.

              4
Téngole amor por honrarla,
y ella me odia y me desprecia.
Que vender mi fe a la baja
mi Dios no me tome en cuenta,
por quien te enseña ese talle
que como ramo menea,
y esa lánguida mirada,
acechada por un áspid *,
como estrella que a otra estrella
quiere unas perlas robarle.

              5
Bienhaya la que, apurada
por la ausencia de su amigo
cuyo amor la quita el sueño
cual cruelísimo enemigo,
así a su madre le canta
dando a sus penas alivio:
YA MAMMA, ME-W L-HABIBE
BAIS E NO MAS TORNARADE.
GAR KÉ FARÉYO, YA MAMMA:
¿NO UN BEZYELLO LESARADE? **

 

Abu Utman ibn Luyun (1282-1349). En: Enrique García Gómez, Las jarchas romances de la serie árabe en su marco. 1ª. Edición, 1965; 2ª. edición, Seix Barral, Barcelona, 1975.

*El áspid es el rizo de la sien.
** “Madre, mi amigo / se va y no tornará más. / Dime qué haré, madre: / ¿no me dejará [siquiera] un besito?”.