¿Son los ojos de un antílope…?

       ~Ben Sahl de Sevilla

       ¿Son los ojos de un antílope sobre una boca de perlas?
¿la luna llena sobre un cuello de gacela?
¿una rama de sauce con una duna
con cuyo talle cimbreante juega la brisa
y parece entre embriagado y provocativo?
       Es un joven hermoso, de cuya belleza se enamoraron las gacelas;
sacia su sed y se alimenta en los lagrimales y en las entrañas;
el cálamo de la hermosura ha embellecido la página de su mejilla.
Puedes ser juez de los amantes
y dar órdenes a los hermosos pues tú gobiernas sobre ellos.
       El corazón se ha enamorado de un joven moreno de ojos negros
y sonrisa perfumada de almizcle, que muestra al sonreír la blancura del azúcar.
En su boca corre un Kawtar* sobre aljófar,
en su lunar se ha solidificado una gota de ámbar
y el agua del pudor en su mejillas, al disolverla, sólo ha delado el lam**.
       Ah, se viste y se cubre con la gracia,
se parece en los ojos y en el cuello a las gacelas,
las palomas aman la rama de su talle flexible
y las copas desean llenarse
con su saliva y no con vino.
       Es un antílope temible que habita entre las cañas entretejidas,
donde sus ojos traen la muerte y despiertan los deseos,
ramajes que lo ocultan por miedo a que seduzca,
pues si se baja el velo o mira
esclaviza de amor a los corazones descuidados.
       Ah, ¿por qué me han cargado con el amor
de un joven de suave talle y corazón cruel?
Acostumbrado está a desdeñar y no hay manera de acercarse a él;
mañana y tarde el amante pierde la vida
por su causa, pero él se siente libre de cuidados.
       Le doy mi pecho por morada y se muestra orgulloso y descontento,
pero si él decreta mi abandono, me contento con su decisión.
Le he dado el alma deseando complacerlo
y le he ofrendado el sueño cuando sus ojos no se cerraban
sólo para que me enviase su imagen en el sueño.
       Oh gacelita que gobiernas sobre todo el mundo
y permites derramar una sangre que no era lícito verter,
has disparado las flechas de las miradas de tus ojos
y has matado de pasión a un alma;
tienes poder, con la mirada, sobre la vida y la muerte.
Cuando aparece en el esplendor de su presencia,
la magia anudada en su cintura
y la injusticia como pilar de su carácter,
desenvaina la espada asesina de sus pupilas
y sé que es ése el día de mi muerte.
       A nadie haría daño si tuviera clemencia de quien está hundido en el mar del amor,
o si curase a Jacob en la tristeza***;
mi cuerpo por la enfermedad se parece a sus ojos lánguidos,
alabado sea quien seduce con su belleza a los humanos
y decreta la enfermedad de mi cuerpo.

 

Ben Sahl (nació en Sevilla, hacia 1212, de familia judía; se convirtió al islamismo. Murió ahogado, en un viaje por mar a Túnez, en 1251, antes de cumplir los cuarenta años.) En: Poemas. Selección, traducción e introducción de Teresa Garulo. Ediciones Hiperión, Madrid, 1983.

 

*Kawtar, nombre de uno de los ríos del paraíso.
**lam, letra del alfabeto árabe que se compara con la patilla y el aladar (mechón de pelo a cada lado de la cabeza, que cae sobre la sien).
***Corán, XII, 84-98.