~Cassiano Ricardo

Café-Express —está escrito en la puerta.
Entro muy apurado. Aturdido,
por haberme despertado tan temprano.
Y listo. Parece mentira:
el café cae en la taza de uno maquinalmente.

Y siento el gusto, el aroma, la sangre caliente de Sao Paulo
en esta pequeña noche líquida y olorosa
que es mi taza de café.

***

Mi taza de café
es la síntesis de todas las cosas que vi en la estancia y que vuelven a mi memoria apagada.
Por mi memoria avanza un carro de bueyes que se detiene frente a las tranqueras del camino.
En mi memoria se posó un ave chimango chillón
       y pasan unos hombres
       que llevan sobre sus hombros
       cestas multicolores
       con granos de café.
Y chispean allá dentro, en el fondo de mi corazón,
unos ojos negros de campesina pícara que me están mirando
con su vestido de romera y los pies descalzos.
Y una casita color de luna en la tarde escarlata-rosa.
Un picaflor verde susurrando con el pico hundido en la flor color de sol que brotó en el jardín.
Y el estanciero calculando la cosecha de las espigas.

       Pero sobre todo
aquellos ojos de terciopelo de la campesina pícara que me mira
       como dos grandes gotas de café
       que me cayeron en el alma
       y me dejaron tan pensativo.

Ay, no tengo tiempo para pensar en estas cosas.
Estoy apurado. Apuradísimo.
La mañana ya bajó del trigésimo piso
de aquel rascacielos colorido donde vive.
Escucho a la vida gritando allá afuera.
Dos cruzeiros y salgo. La calle es un vozarrón.
Sube-y-baja de gente que va a las fábricas.
Ir y venir de automóviles. Bocinas. Carteles.
Compro un diario. ¡El Estado! ¡El Diario Nacional!
Me levanto la solapa del abrigo, por el frío.
Y me voy al trabajo, pensando.

Oh mi Sao Paulo.
Oh mi sirena de cabello rojo.
Oh ciudad de los hombres que despiertan antes que nadie en el mundo.

 

Cassiano Ricardo (brasileño; 1895-1974). En: Poesía contemporánea del Brasil. Selección, traducción, prólogo y notas de Santiago Kovadloff. Fabril Editora, Buenos Aires, 1972.