~Yanis Ritsos

Toda nuestra casa olía a orégano, cera derretida y pólvora
pero más los días en que llovía y entraba por las grietas la
       respiración del campo
estiércol mojado, mimbre, heno, resina y semilla de mostaza.

Entonces perdíamos la casa—se volvía un barco de tres mástiles
       navegando en los cinco mares
o como el arca que se balanceaba en los ríos que fluyen del cielo
y adentro estábamos nosotros, con las gallinas, el cerdo y la cabra
       con sus tres crías
por eso olía a excremento de aves, a membrillo podrido y a paja.

Nuestra madre, desde que recuerdo, iba vestida de negro
porque siempre moría alguno de los suyos
sin embargo, sabíamos que abajo no le faltaba el fondo azul claro
por eso sus ojos de noche, en medio de sus arrugas
eran como dos estrellas pequeñas entre las hojas del olivar.

Aquí dentro, todo es sencillo, silencioso y limpio, como
las orejas de nuestro hermano menor, al que llevan el domingo
       a la iglesia—
cada cosa está en su lugar dentro de la alacena de la pared,
como la miel en las celdas del panal—
el frasco de café, las hojas de laurel para las lentejas y el estofado,
la manzanilla, la flor de malva y las ventosas para las calenturas,
los vasos con la naranja redonda 1, la mastija2 la sidra
y las cucharitas de plata de la abuela para cuando vengan
los huéspedes de vacaciones.

No nos desordenamos nunca. Lo que busques, sabes
dónde encontrarlo.
La rueca, los cántaros, las personas, las sillas y el espejo,
todos bien atados y bien acomodados, como los granos dentro
       de la granada—
y si crujen las tejas y si se agrieta el muro,
nuestra madre se seca los ojos y ya hemos aprendido que
       los granos se multiplican
y la cáscara de la granada se revienta.
Y por las noches queda la serenidad inmóvil sobre nuestro techo,
como quedan dos dedos de aceite en el candil.

 

Yannis Ritsos (griego; 1909-1990). En: La Señora de las Viñas. Traducción de Natalia Moreleón. Ediciones El Tucán de Virginia, México, 2007.


1 Naranja pequeña y amarga que sirve especialmente para la confitería. En este caso se refiere a los llamados dulces de cuchara griegos.

2 Dulce tradicional resinoso y chicloso que se sirve con una cuchara y se disuelve en un vaso de agua fría.