Si amados pagan mal los hombres, Gila…

       ~Doña María de Zayas y Sotomayor

Si amados pagan mal los hombres, Gila,
dime, ¿qué harán si son aborrecidos?
Si no se obligan cuando son queridos,
¿por qué tu lengua su traición perfila?
       Su pecho es un Caribdis y una Escila
donde nuestros deseos van perdidos;
no te engañen, que no han de ser creídos
cuando su boca más dulzor destila.
       Si la que adoran tienen hoy consigo,
que mejor es llamarla la engañada,
pues engañada está quien de ellos fía;
       a la que encuentran, como soy testigo,
dentro de una hora dicen que es la amada,
Conclúyase con esto tu porfía.
       Su crüel tiranía
huir pienso animosa;
no he de ser de sus giros mariposa.
       En sólo un hombre creo,
cuya verdad estimo por empleo,
y éste no está en la tierra,
porque es un hombre Dios que el cielo encierra.
       Éste sí que no engaña;
éste es hermoso y sabio,
y que jamás hizo a ninguna agravio.

 

Doña María de Zayas y Sotomayor (española, siglo XVII). En: Tras el espejo la musa escribe. Lírica femenina de los Siglos de Oro. Edición, introducción y notas de Julián Olivares y Elizabeth S. Boyce. Siglo XXI de España Editores, Madrid, 1993. [Sobre los versos “…no te engañen, que no han de ser creídos / cuando su boca más dulzor destila”, los editores observan que por el contexto (junto con las menciones a Escila y Caribdis en la Odisea) “parecen aludir a las sirenas, interesante por ser una inversión de su género”. testigo: entiéndase: la testigo. Sobre Doña María de Zayas escriben que fue “mujer independiente y feminista en su época, aunque conservadora”, y citan a la experta Alicia Yllera: “(María de Zayas) cree firmemente en la capacidad intelectual de las mujeres, defiende su derecho a la cultura y a desempeñar cargos de responsabilidad, y escribe (…) movida por el deseo de defender el buen nombre de las mujeres y advertirlas de los engaños masculinos”.]