Vinicius de Moraes

Madre, manda a comprar un kilo de papel rayado en el almacén
Quiero hacer una poesía.
Díle a Amelia que prepare un refresco helado
Y me lo traiga sin hacer ruido.
No corran, no hablen, cierren todas las puertas con llave:
Quiero hacer una poesía.
Si me hablan por teléfono, sólo estoy para María
Si fuera el Ministro, sólo recibo mañana
Si fuera una broma, llámame enseguida
Siento un enorme tedio de la vida.
Dile a Amelia que sintonice la Patética en la radio.
Si hubiera un gran desastre corre a contármelo
Si el aneurisma de doña Angela revienta, avísame.
Siento un enorme tedio de la vida.
Háblale a la abuela Nenem, pídele una idea bien inocente
Quiero hacer una gran poesía.
Cuando mi padre llegue tráiganme los diarios de la tarde.
Si me duermo, despiértenme, por amor de Dios.
No quiero perder nada de la vida.
¿Hicieron picos de ruiseñor para mi cena?
¿Pusieron en su lugar mi pipa y mis poetas?
Siento un enorme tedio de la vida.
Madre, tengo muchas ganas de llorar
Estoy con taquicardia, dame un remedio
No, antes déjame morir, quiero morir, la vida
Ya no me dice nada
Siento horror por la vida, quiero hacer la mejor poesía del mundo
Quiero morir inmediatamente.
Ah, piensa algo, madre, para distraer a tu hijo
Tu falso, tu miserable, tu sórdido hijo
Que estalla en fuerza, sacrificio, violencia, devoción
Que podría picar piedras alegremente
Ser negociante cantando
Ser abogado con la sonrisa justa
Si con ello no perdiese lo que por fatalidad de amor
Sabe que es lo mejor, lo más dulce y lo más eterno de tu purísima caricia.
                 
En: Vinicius de Moraes (1913-1980), Antología poética. Trad. Juan José Hernández y Haydée Jofré Barroso. Ediciones de La Flor, Buenos Aires, 1975.