Vida de una Reina

       ~Lisel Mueller

       1. INFANCIA

Durante dos días su linaje está en duda,
entonces alguien descifra el mensaje secreto.
Construyen una recámara pendular
para ella, y la retacan de dulces.

Las obreras no dejan de llevarle su jalea real.
Ella no sabe nada de otras vidas,
nada de entrarle al azafrán morado
ni de rondas dancísticas al sol.

Pobre y frágil muchachita rica,
crece inmensa en su invernadero.
Cada vez que intenta dejar de comer,
le abren la boca y la obligan a hacerlo.

       2. VUELO

Se casa con él en pleno vuelo;
por un momento él asciende
a la nobleza, un príncipe.

Ella da la señal
para el abrazo;
se acaba muy pronto. Oh, nunca más.

Magullada, ella se aparta
del cuerpo muerto de él,
y exhausta hace el camino de regreso.

La bañan, las cortinas corridas.
Diez mil vidas
se instalan en su vientre.

Ahora se da al único trabajo que conoce.
No recuerda nada
de él, ni de la caída de ambos.

        3. LA SOLITARIA
Le dejan en claro
que su tiempo se acabó.
Nadie viene;
la dejan morir de hambre.

Las masas, sus hijos,
baten dulces
para una joven belleza
que va engordando.

Nada que hacer.
Sus ovarios, de papel;
su bolsa de esperma, polvo,
ella muere marchita.

Un equipo desmonta
su celda real.
Afuera, una nación
corona a su reina.

 

Lisel Mueller (estadunidense; nacida en Alemania, 1924). En: If Bees Are Few. A Hive of Bee Poems. James P. Lenfestey, editor. University of Minnesota Press, Minneapolis, 2016.

Elogio de la pulga

       ~Doña María de Zayas y Sotomayor

       Entremos, pulga hermana,
en cuenta vos y yo: ¿quién os ha dado
condición tan tirana,
valor tan fuerte y ánimo alentado,
que no exceptáis persona?
¿Por qué sois la que nadie no perdona?
       Y una cosa tan chica
muerda más que un poeta, ¡brava cosa!
En todo estado pica,
como puede decirlo alguna hermosa,
que lo que habrá negado
a más de dos la pulga lo ha gozado.
       Cuando tu progenie miro,
y tu prosapia humilde considero,
de tu poder me admiro,
y así murmurador llamarte quiero,
que nacido quizá en caballeriza,
a todo el mudo pica y martiriza.
       Sastre de carne humana,
que a los nacidos cuidadosos tienes,
pues por tarde y mañana,
echando por do vas o por do vienes,
jueces criminales
sois, el amor y tú, de los mortales.
       ¡Oh comisario altivo!
¡Oh juez de la mesta riguroso!
¡Oh alcalde vengativo!
¡Oh alguacil sin piedad y malicioso!
¡Oh tramposo escribano,
que matar y dar vida está en tu mano!
       De mi amistad te obliga,
pues te dejo picar algunas veces;
pica, y serás mi amiga,
con sal, gracia y donaire a los jueces,
que el premio señalado
me le den, que le tengo ya alquilado.

 

Doña María de Zayas y Sotomayor (española, siglo XVII). En: Tras el espejo la musa escribe. Lírica femenina de los Siglos de Oro. Edición, introducción y notas de Julián Olivares y Elizabeth S. Boyce. Siglo XXI de España Editores, Madrid, 1993. [mesta: la Mesta era un gremio de dueños de rebaños de ovejas trashumantes. Como la lana era un gran producto de exportación en los siglos XVI y XVII, la Mesta llegó a ser muy rica y poderosa, obteniendo derechos legales y de propiedad, con sus propios jueces para decidir disputas basadas en la regulación de la trashumancia.]

Barrio de la luz

       ~Menotti del Picchia

Están incendiando todas las casas
del barrio con las últimas brasas
del poniente de cobre.

Jardín de la Luz. Sables de sol brillan
sobre el casco de un bombero que apaga un incendio tantálico
en la mirada de una mucama de azabache
negra y bella como un bárbaro fetiche.

Un tren abrirá surcos hacia el Noroeste.

Con un fino golpe metálico
un clarín acuchilla la tarde celeste.

 

Menotti del Picchia (brasileño; 1892-1988). En: Antología general de la literatura brasileña. Compilación y traducción de Bella Jozef. FCE, México, 1995.